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29 de noviembre de 2013

El COMIE hoy y de cómo la forma no es fondo

Por Pedro Flores Crespo*

El Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE) acaba de concluir su décimo segundo congreso nacional, al que asistieron casi 3,000 participantes. De acuerdo con las autoridades universitarias de Guanajuato, nunca se había registrado un congreso académico de tal magnitud en esa ciudad.
Con visión e independencia, diversos académicos fundaron el COMIE hace 20 años como una Asociación Civil cuyo objetivo primordial es “conjuntar acciones e intereses comunes de los investigadores en el área educativa, con el fin de fomentar la investigación de calidad que incida en las prácticas y políticas de la investigación educativa”. Es, por lo tanto, una organización esencialmente académica e interinstitucional. Actualmente, aglutina a 439 investigadores de 88 instituciones entre públicas y privadas.

Investigación educativa en movimiento
El XII Congreso Nacional de Investigación Educativa (XIICNIE) fue testigo de varios hechos que merecen ser resaltados y comentados. En primer lugar, especialistas, maestros, estudiantes, normalistas y representantes de diversas organizaciones civiles y gubernamentales ratificaron al congreso del COMIE como un amplio espacio de diálogo sobre la problemática educativa del país. Se recibieron 2,438 trabajos entre ponencias, presentaciones de libro, carteles, propuestas de taller y proyectos para el Encuentro de Estudiantes de Posgrado (ENEPE). De este total, se aceptaron 1,399, es decir, se tuvo una tasa de aceptación de 57 por ciento.
En segundo lugar, el 12º CNIE presentó una estructura distinta a la tradicional. Primeramente, se fijó un tema central para el congreso: “Aportes y Reflexiones de la Investigación para la Equidad y la Mejora Educativas”. Luego, se organizaron los trabajos dentro de siete grandes áreas (Sistema Educativo Nacional, Educación Inicial y Básica, Educación Media Superior, Educación Superior, Posgrado, Educación Continua y Otras Alfabetizaciones y Educación en Espacios No Escolares). Con esta estructura y, a partir de una sistemática revisión de los resúmenes de las 1,027 ponencias, fue posible saber que cuatro de cada diez ponencias se concentraron en el área de Educación Superior por un lado, y por otro lado, que hubo un bajo porcentaje de ponencias en las áreas de Educación y otras Alfabetizaciones (29), así como de Educación en Espacios no Formales (44). Este dato llama la atención si consideramos que en México el problema del rezago educativo es grave, ya que concentra a más de 30 millones de personas que no saben leer ni escribir o que no han completado su educación básica, la cual es gratuita y obligatoria.
Los congresos del COMIE han evolucionado considerablemente con el tiempo. En este duodécimo encuentro, se repitió, por segunda ocasión y con un éxito rotundo el Encuentro de Estudiantes de Posgrado (ENEPE), mediante el cual los estudiantes de maestría y doctorado presentan sus avances ante investigadores de amplia trayectoria, creando así una cultura académica más abierta y colaborativa. Además, se tuvo la reunión focal de la World Education Research Association (WERA), lo que reafirma la firme estrategia de internacionalización del COMIE. Por si esto no fuera suficiente, se organizó la primera carrera y caminata por la educación con el ánimo de convivir y relajarse fuera de los tradicionales códigos académicos. Todo ello implicó un gran esfuerzo de coordinación, generosidad y un claro compromiso con la labor del COMIE.
En tercero y último lugar, el 12º CNIE vio cristalizados varias metas y proyectos. Se afianzó una forma colegiada de trabajar del Comité Directivo, se consiguieron importantes financiamientos que le van a dar viabilidad a las actividades científicas del COMIE y, finalmente, la Revista Mexicana de Investigación Educativa, ingresó al índice Web of Science-Sciences Citation de Thomson Reuters, lo que la ubica dentro del grupo de revistas científicas más importantes e influyentes del mundo.

Academia y poder político: cuando la forma no es fondo
Uno de los proyectos que también se concretaron fue haber conseguido el apoyo gubernamental para tener una sede permanente y que así el COMIE pueda realizar sus actividades sin contratiempos. Al ser una organización interinstitucional, el equipo técnico y administrativo —no sólo el directivo— del Consejo iba de un lugar a otro, lo que ha originado que se retrasen y entorpezcan las actividades fundamentales del Consejo como la oportuna distribución de la Revista o la pronta resolución de los problemas que cualquier organización tiene que enfrentar.
A destacados colegas como Manuel Gil Antón parece haberles sorprendido el anuncio del secretario de Educación Pública en el sentido de que el Gobierno Federal apoyaría la construcción de la sede del COMIE. El anuncio no fue un acto de magia, como se sugiere en su artículo “Te lo firmo y te lo cumplo” (El Universal, 23/11/13); sino el resultado de una labor de persuasión y negociación del el Comité Directivo (CD) del COMIE con el titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP). Cabe aclarar que todos los miembros del CD son propuestos y elegidos por medio del voto durante las asambleas que anualmente realiza el Consejo. No fue, por lo tanto, una decisión unilateral ni una concesión improvisada derivada de un proceso ilegítimo. En este punto, Manuel Gil se equivoca.
Pero como agudo observador educativo y analista de las relaciones entre el “científico y el político”, Gil Antón provocó con su artículo reflexiones que me parecen muy sanas y útiles. ¿Cómo deberá ser la relación del COMIE con el poder político y los actuales funcionarios del Estado? ¿Cruzará esta relación la perspectiva compleja, pragmática o la clásica de las comunidades inconexas en la que se asume que el “académico es de Venus y el político de Marte” (Birnbaum)? ¿La forma en como producimos y comunicamos el conocimiento en el COMIE es la más idónea para que las autoridades educativas estatales y federales reflexionen sobre su práctica política? Pese a que el COMIE ha organizado seminarios sobre los usos de la investigación en los procesos de política y escolares, aún hay muchos temas que el nuevo CD tendrá que analizar y poner sobre la mesa. Manuel incita a ello y se agradece.
Por último, advierto que nuestro colega del Colegio de México tiende a pensar que por el hecho de recibir apoyo y sobre todo, por la forma en que lo anunciaron los actuales representantes del Gobierno Federal, puede haber un socavamiento de la autonomía del COMIE. Con la misma claridad y apertura con la que Manuel Gil escribe, pienso que en este caso, “forma no es fondo”. Podría haber un “priolítico clásico”, como piensa Gil Antón, pero por el perfil de algunos de los miembros del Comie, sus antecedentes de independencia e historia institucional no se visualiza un plegamiento automático del Consejo a los designios del “Jefe Providente”. Advertir públicamente del riesgo fue, insisto, útil.
Por otra parte, coincido con Manuel Gil en el sentido de que habrá que reflexionar por qué en México las organizaciones civiles recurren al apoyo de los gobiernos electos —¿es esto reflejo de una nueva gobernanza? Sin embargo, en esta discusión debe entrar otro punto esencial que no aparece en el artículo de Manuel: la independencia y autonomía intelectual no la ofrece ni la quita un apoyo en especie. En México, hay diversas instituciones académicas y científicas —incluido el Colmex— que han recibido apoyo de los gobiernos y siguen siendo profundamente críticas por el buen juicio de sus académicos. Es entonces en la manera de pensar, críticar, investigar y actuar frente al poder como se puede demostrar que organizaciones como el COMIE son confiables y útiles para la educación pública del país.

* Pedro Flores Crespo es Doctor en Política por la Universidad de York, investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio

27 de noviembre de 2013

¿Tienen futuro las revistas científicas en educación?

En la conversación educativa, moderada por el Dr. Pedro Flores Crespo, participaron en la mesa de reflexión: la Dra. Alejandra García Bado, Editora de la Revista Sinéctica del ITESO; la Dra. Edna Luna Serrano, dictaminadora en  REDIE, Revista Electrónica de Investigación Educativa, publicada por la Universidad de Baja California y el Dr. Juan Manuel Piña Osorio, editor en Perfiles Educativos del IISUE. Los temas en los cuales giró la conversación fueron: las características de la producción científica, las instituciones participantes; las principales revistas de acuerdo a su circulación; las políticas de incentivos y los patrones de colaboración entre las propias revistas.
Como principal problemática emerge la poca o nula calidad en los artículos enviados para dictamen, que cuentan con la peculiaridad de ser trabajos poco cuidados teórica y metodológicamente; los puntos coincidentes en la mesa, entendidos como acuerdos generales, fueron: la pertinencia de una dictaminación rigurosa en las colaboraciones, la realimentación en trabajos que no cumplan con lineamientos de calidad mínimos, así como la transformación urgente de escritores, dictaminadores, escritores y editores en red global de colaboración. 

® Derechos Reservados. Originalmente publicado en Prensa COMIE.

22 de noviembre de 2013

¿Cómo fortalecer el vínculo universidad-empresa?

Arturo Cherbowski Lask, Director General de Universia México y Director Ejecutivo de Santander Universidades participó del Encuentro "Universidad y sociedad: Repensando compromisos" de la UCSJ, donde expresó, entre otras cosas, que es indispensable generar prácticas sanas y benéficas para la vinculación universidad-empresa.
En el marco del Encuentro “Universidad y sociedad: Repensando compromisos”, organizado por la Universidad del Claustro de Sor Juana, Arturo Cherbowski Lask, Director General de Universia México y Director Ejecutivo de Santander Universidades participó en la mesa “Universidad, empresa y sociedad”.
Cherbowski afirmó que “llevamos más de 20 años hablando de cómo optimizar en el país la vinculación entre la universidad y la empresa en mejores términos, cómo generamos mejores prácticas de vinculación, qué hacemos dado que la vinculación tiende a ser escasa. Quizá lo que tenemos que hacer es empezar a cambiar los términos de lo que significa la vinculación”.
En este contexto el pasado mes de agosto, Universia, en conjunto con el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE) de la Universidad Iberoamericana, presentó el Informe de Competencias Profesionalesen Preuniversitarios y Universitarios de Iberoamérica, donde por un lado se encuestaron estudiantes, profesores y rectores, y por el otro se encuestó a empresarios para conocer, entre otras cosas, la perspectiva que tenían sobre las competencias con las que graduaban las universidades a los alumnos. El Director General de Universia México, recordó que en los resultados de este informe “en México el 94% de los rectores encuestados, y fue una encuesta amplia y representativa, dijeron que estaban muy satisfechos o satisfechos con las competencias con las que estaban graduando a sus alumnos, mientras que apenas el 52% de los empresarios coincidieron con ello”.
Arturo Cherbowski señaló que el objetivo de enmarcar una discrepancia entre el sector académico y empresarial, como la que arroja este estudio, es evidenciar que “hay un campo de diálogo absolutamente fértil y que se debería llevar a cabo entre los empresarios y los rectores de este país, porque, en muchos casos, se está encuadrando la visión de competencias en los jóvenes, de maneras muy distintas”.
Considerando el carácter indispensable de la vinculación universidad-empresa para el desarrollo del país, Cherbowski afirma que “cualquier relación entre una universidad y una empresa, tiene que estar basada en un respeto absoluto e irrestricto a las diferencias que hacen que ambas sean tipos distintos de organizaciones, con diferentes funciones sociales, pero no solo eso, sino que por su naturaleza, tienen estructuras y procesos internos distintos que afectan su forma de decidir”.
Durante los dos días de trabajo del Encuentro “Universidad y sociedad: Repensando compromisos”, se discutieron temas enfocados a la educación y políticas públicas, a la internacionalización y Cooperación en la educación superior, el futuro de la universidad, evaluación y calidad, entre otros, en voz de destacadas personalidades del ámbito académico como la anfitriona Carmen B. López- Portillo, Rectora de la Universidad del Claustro de Sor Juana, José Narro Robles, Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, Enrique Fernández Fasssnacht, Secretario General Ejecutivo de la ANUIES, Ricardo Raphael, del Centro de Investigación y Docencia Económica, por mencionar a algunos.

® Derechos Reservados. Originalmente publicado en Universia.

¿Qué producimos los académicos?

Por Pedro Flores Crespo*

¿Cómo contabilizar en los registros científicos un artículo escrito por 16 autores de cuatro diferentes instituciones que están ubicadas en tres países distintos? ¿Las universidades mexicanas que producen un mayor número de artículos científicos, impulsan que sus académicos publiquen en revistas internacionales? ¿La estrategia de formar “cuerpos académicos” ha impulsado la producción colectiva de textos colectivos de alta calidad? ¿Qué país de Iberoamérica registra la tasa más alta de producción científica medida por el número de artículos publicados en revistas de acceso abierto?
El Informe 2005-2011 sobre la Producción Científica de México en Revistas Iberoamericanas de Accesso Abierto en Redalyc (López, R.; Dutrénit, G.; Tinoco, I.; Aguado, E. 2013, México: Anuies-FCCyT-Inasp- UAEM) contribuye a responder a éstas y a otras preguntas con respecto a la forma en que se “produce, comunica y evalúa la investigación científica” en la región iberoamericana.
Como sabemos, Redalyc (Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal) es un exitoso “proyecto académico”, fundado en 2002, que ha ido evolucionando con el tiempo. En un principio, según Wikipedia, empezó como una “hemeroteca científica en línea y de libre acceso” y ahora también, como lo demuestra su Informe, empieza a ampliar sus actividades hacia el análisis “de la producción, la difusión y el consumo de literatura científica”.
Basándose en un conjunto de 145,515 artículos de investigación publicados en 800 revistas científicas de acceso abierto alojadas en Redalyc, se pretende saber: (1) “¿Cuáles son las características de la dinámica de la producción de los científicos mexicanos? (2) ¿Cuáles son las instituciones que más aportan a la producción científica mexicana, en qué áreas del conocimiento y cuáles son las tendencias que presentan? (3) ¿Qué revistas constituyen los principales escaparates para dar a conocer los resultados de investigación de los científicos mexicanos por área del conocimiento y sus tendencias en el periodo analizado? (4) Cuáles son los patrones de colaboración científica por área del conocimiento y su variabilidad en el periodo analizado?” Y “¿Cuáles son los resultados de las políticas de incentivos a la producción científica, tanto institucionales como nacionales, así como su correspondencia con las tendencias que presentan el resto de países de América Latina?”
Estas preguntas, como podemos observar, son de naturaleza distinta. La primera y la cuarta buscan describir el fenómeno de la producción científ ica mientras que las otras tres restantes buscan emitir juicios sobre las instituciones, revistas y políticas públicas.
Esto abre la posibilidad para el debate, pues seguramente habrá instituciones de educación superior que refuten el contenido del Informe, lo cual es muy sano dentro del ámbito universitario. Por ejemplo, ¿qué se diría si se muestra que a pesar de que la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) “alcanza la productividad más alta (5,616 artículos en redalyc.org), ésta “se ha dado a conocer prioritariamente en revistas nacionales”?
Por otra parte, ¿qué decir al conocer que el Colegio de México registra una producción que se comunica en editoriales nacionales, “donde más de 50 por ciento de los 342 artículos publicados entre 2005-2011 se dieron a conocer en alguna de las siete revistas redalyc.org editadas por esta institución”? Todo indicador debe poseer cualidades “técnicas” (e.g. validez) y “prácticas” (e.g. utilidad), como bien señalan Héctor Robles y Juan Manuel Hernández. Sin embargo, también ocurre que tales descriptores, en ocasiones, son limitados para capturar fenómenos tan complejos y amplios como el de la “producción científica”.
Esto no es para decir que el Informe de Redalyc es infructuoso, sino para señalar que detrás de los indicadores puede haber mayor información que a la primera no se advierte. Como “producción científica” también puede considerarse la publicación de libros, docencia y formación de jóvenes investigadores. Equiparar la labor científ ica con la publicación de artículos en ciertas revistas indezadas de libre acceso y alojadas en un portal electrónico puede sonar reduccionista como también lo es asumir que “lo que no se ve, no existe”.
Productividad, educación y endogamia Según el Informe, “la producción científica de nuestro país muestra un desempeño creciente, pero minoritario, respecto a otras economías del mundo”. A juzgar por el número de artículos publicados anualmente, Brasil, Portugal, India, China y Chile nos llevan la delantera. ¿Es verdad que los mexicanos no sabemos colaborar con nuestros pares? No es así. Mientras en 2005, 62 de cada 100 artículos fueron publicados en colaboración, para 2011, esta proporción ascendió a 73. ¿Es esto ref lejo de que la estrategia de conformación de “cuerpos académicos” ha dado resultado? ¿Empezará el Sistema Nacional de Investigadores a valorar el trabajo colaborativo o seguirá dividiendo entre dos el peso de un texto escrito entre pares? El ejemplo que se puso arriba sobre un artículo científico escrito por 16 autores es real y fue publicado en una de los medios más prestigiados a nivel nacional e internacional: La Revista Mexicana de Astronomía y Astrofísica de la UNAM.
Otro dato que llama la atención del reporte es que en ciencias sociales, el área educativa concentra la “producción” de artículos más alta y ésta es dada a conocer en revistas nacionales editadas por una institución diferente a la de adscripción de los investigadores. En este sentido, ¿se puede hallar la respuesta en el hecho de que la Revista Mexicana de Investigación Educativa (RMIE), perteneciente al Consejo del mismo nombre, y la Revista de la Educación Superior (Resu) de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), son publicaciones asentadas en una base interinstitucional?
De acuerdo con el Informe, ocho por ciento del total de la producción de México en revistas nacionales de ciencias sociales, lo aporta la RMIE cuya colaboración es de 39 por ciento. ¿Qué sentido tiene que los artículos de los investigadores mexicanos sean publicados “fuera de casa”? En sus conclusiones, el Informe es claro. En los últimos años, ha habido un aumento en la producción de artículos científicos alojados en Redalyc, pero, “cualitativamente”, aún se muestra cierta endogamia en cuanto al espacio de publicación.
Para concluir, es importante destacar que el reporte aquí comentado representa un esfuerzo notable por dar a conocer, de manera didáctica, una gran cantidad de información.
Segundo, contribuye a ubicar a México en el circuito global de producción científica con un referente importante – más no único – que es la producción de artículos científicos en revistas indexadas de acceso abierto. Y tercero, nos ayuda a repensar, con un fundamento, las formas en que los académicos nos organizamos para dar a conocer nuestro trabajo. Tienen razón los autores en señalar que este documento ofrece una “nueva mirada” o una “radiografía” de la “producción científica” del país y por ello, hay que celebrar su publicación y seguir examinando su contenido.


* Pedro Flores Crespo es Doctor en Política por la Universidad de York, investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio.

19 de noviembre de 2013

Dificultades que enfrentan en su primer año universitario los jóvenes provenientes de estratos socioeconómicos pobres

Por Adriana Rodríguez Fernández*

El trabajo "Dificultades que enfrentan en su primer año universitario los jóvenes provenientes de estratos socioeconómicos pobres", de las autoras Adriana Rodríguez y Marisol Silva, aborda una problemática poco estudiada en México: las trayectorias de estudiantes pobres y en particular el primer año de estas, sobre esto, mencionan que: "a pesar de que es un tramo crítico en la trayectoria estudiantil, el tema no se ha posicionado con la fuerza necesaria en la agenda de investigación ni en el diseño de jóvenes más pobres".
Es una investigación que se llevó a cabo en la universidad intercultural del Estado de México y en la Universidad tecnológica de Nezahualcoyotl que tuvo por objetivos: 1) analizar los procesos más relevantes que caracterizan el primer año universitario de los jóvenes provenientes de estratos socioeconómicos pobres y relevar sus principales dificultades; y 2) revisar el concepto de equidad educativa en la atención al acceso, para poner de relieve la importancia de la permanencia y la obtención de resultados significativos.
El estudio recupera las experiencias de los estudiantes creadas para facilitar la incorporación de la población que tradicionalmente fue excluida de este nivel educativo. El enfoque de la investigación es mixto se aplicó una encuesta y se desarrollaron grupos focales.
El estudio arrojó lo siguiente:
•Las dificultades del primer año se agudizan entre los jóvenes más pobres.
•Muchas limitaciones responden a factores externos a la escuela como la precariedad económica y limitado capital cultural.
•Otras de estas limitaciones provienen de un ambiente institucional que lo está diseñado para atender eficazmente las necesidades particulares de esta población .
•En el primer año, deben de aprender el rol de "estudiantes universitarios" y para esto requieren un soporte institucional especializado sin embargo, no lo encuentran en las prácticas educativas, en la interacción con los profesores ni en el ambiente social.
A manera de conclusiones, las autoras recomiendan que para reajustar la oferta educativa y las necesidades de los jóvenes es necesario echar a andar programas de equidad y calidad ya que sólo así la educación será una verdadera vía para la expansión de capacidades y el desarrollo humano.

* Co-autora de la investigación. Originalmente presentado en el XII Congreso Nacional de Investigación Educativa. Guanajuato, Guanajuato (México). 19 de Noviembre de 2013.

12 de noviembre de 2013

Desde la década de los 90 sólo se han creado universidades tecnológicas

Por Alma E. Muñoz*

Concebidas hace 22 años como opción de educación superior de ciclos cortos (carreras de dos años) para jóvenes y familias de escasos recursos, las Universidades Tecnológicas registran un crecimiento exponencial, dada su vinculación con el mercado laboral y productivo.
La Asociación Nacional de Universidades Tecnológicas (ANUT) registra 109 instituciones en 31 estados del país –después de que el sistema inició con la construcción de tres en 1991–, que atienden a cerca de 170 mil alumnos por conducto de 118 programas educativos de nivel técnico superior universitario del que obtienen una licencia profesional o nivel de ingeniero.
Poco más de la cuarta parte de estas universidades constituyen la única opción de educación superior en algunos municipios y alrededor de 30 se ubican en localidades de alta y muy alta marginación.
Unos 6 mil alumnos provienen de comunidades indígenas y, según la ANUT, 80 por ciento de sus egresados consigue empleo en los seis primeros meses.
De cada 100 alumnos, 81 representan la primera generación de su familia con acceso a educación superior y 28 no hubieran accedido a la misma de no haber existido una universidad tecnológica en su localidad.
Hasta ahora, de estas casas de estudio han egresado 154 mil técnicos superiores universitarios y 42 mil 800 de ingeniería. A este subsistema se le asignaron recursos por 203 millones 67 mil pesos para el presente año, y el gobierno federal tiene proyectado construir, a partir de 2015, nueve universidades tecnológicas más.
Estela Ruiz Larraguivel, del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la Universidad Nacional Autónoma de México, apuntó que desde los 90, no se ha creado una universidad pública estatal o federal, todas han sido universidades tecnológicas o politécnicas, orientadas a demandas y exigencias de las empresas. Por ejemplo, la carrera de servicios de posventa automotriz, impartida por la Universidad Tecnológico de Querétaro, se creó a solicitud de la Peugeot.
Los egresados consiguen empleos estables, con prestaciones de ley mínimas, bajos salarios y con cierta permanencia, pero sin muchas oportunidades de ascenso, explicó la investigadora. Cuestionó también que el grado de técnico superior universitario sea menospreciado, a pesar de que su formación es bastante buena, acorde con las demandas empresariales.
Pedro Flores Crespo, académico de la Universidad Iberoamericana, planteó: ¿Qué haremos en un mundo que ya no crea los empleos que se generaban? Daría un modelo de educación universitaria muy diferente. Pienso en habilidades genéricas que se deben promover, porque tratar de ajustar la oferta de las universidades con la demanda del empleo, además de ilusorio, desvía y desvirtúa la función de la educación.


® Derechos Reservados. Originalmente publicado en La Jornada.

6 de noviembre de 2013

Especialistas dialogan en IPN sobre la formación de egresados con calidad y competitividad

Con el propósito de reflexionar sobre la importancia del quehacer académico en la formación de egresados de alta calidad y competitividad profesional, inició la 30ª Semana Interdisciplinaria de la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Ingeniería y Ciencia Sociales y Administrativas (UPIICSA) del Instituto Politécnico Nacional (IPN), que culminará el próximo viernes 8 de noviembre.
Durante la ceremonia inaugural que estuvo a cargo de Emmanuel Merchán Cruz, Director de Educación Superior del IPN, y que lleva por título Calidad y Competitividad Académica, el Director de UPIICSA, Pedro Azuara Rodríguez, señaló que desde 1984 este plantel politécnico celebra la 30ª Semana Interdisciplinaria con la participación de investigadores, directivos y destacados representantes de los sectores público, privado y social, quienes dialogan sobre propuestas de solución a problemas de actualidad con un enfoque científico, académico e interdisciplinario.
“Desde sus orígenes, en el año de 1972, la UPIICSA ha mantenido una fuerte vinculación con el sector productivo a través de convenios, acuerdos y servicios que se ofrecen para resolver problemas de carácter técnico y administrativo, y es gracias a la sólida formación académica y a su destacado desempeño profesional, que los egresados de esta escuela tienen una gran aceptación en el mercado laboral”, destacó su director.
Para dar inicio al ciclo de conferencias, el doctor Carlos Artemio Coello Coello, investigador del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) del IPN, explicó que a través de la historia la evolución natural ha sido vista como un proceso de aprendizaje, que hoy en día se trata de emular a través de la simulación del proceso de la evolución de las especies mediante computadoras.
Con el tema Introducción a la computación evolutiva: las computadoras aprenden de la naturaleza, el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2012 explicó que los algoritmos evolutivos, todavía en desarrollo, son conceptualmente simples, fáciles de paralelizar y robustos; sin embargo, suelen resultar en un alto costo computacional al requerir de muchas evaluaciones.
Entre los invitados a la 30ª Semana Interdisciplinaria se encuentran el investigador Francisco Venegas Martínez, de la Escuela Superior de Economía del IPN; el subdirector de Evaluación de la Dirección de Posgrado del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), Arturo Gutiérrez Islas; el investigador Omar Solorza Feria, del Cinvestav; el director de Enfoque Noticias NRM Comunicaciones, Leonardo Curzio, así como el profesor e investigador Pedro Flores-Crespo, del INIDE de la Universidad Iberoamericana.
Los paneles de expertos y las mesas redondas que tendrán lugar a lo largo de la semana tratarán temas como Enfoque interdisciplinario a la Calidad y Competitividad en el IPN; Expectativa de la Ingeniería Industrial: Cadena de suministro; Expectativas de la Administración Industrial; Evaluación en las organizaciones; La competitividad de los egresados en el campo de la informática, y Expectativas de la Ingeniería en Informática.
También se abordarán los temas Expectativas en la Licenciatura en Ciencias de la Informática; Enfoque Interdisciplinario a la Calidad y Competitividad: Tendencias e Innovación Tecnológica, así como Expectativas de la Ingeniería en Transporte y de la Ingeniería en Sistemas Automotrices, entre otros.
Adicionalmente se realizan actividades culturales, mesas de análisis, una muestra histórica por el 50 Aniversario de la Gaceta Politécnica, así como una exposición en la que participan empresas y organizaciones invitadas y de las diversas áreas que conforman a la UPIICSA, con la finalidad de dar a conocer avances científicos y tecnológicos, además de mostrar a la comunidad sus productos y servicios.
Previo a la inauguración y como parte de los festejos por el 41 Aniversario de la fundación de la UPIICSA, representantes del Ejército Mexicano llevaron a cabo en la explanada de la escuela la ceremonia de incineración de Bandera y entrega del nuevo Lábaro Patrio a la escolta de la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Ingeniería y Ciencias Sociales y Administrativas.
En la ceremonia de inauguración también estuvieron presentes José Javier Roch Soto, Director de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica, Unidad Ticomán, y por parte de la UPIICSA, Ana María Lagunes Toledo, subdirectora Académica; Gustavo Mazcorro Téllez, jefe de la Sección de Estudios de Posgrado e Integración Social, y Ernesto García García, coordinador ejecutivo de la 30ª Semana Interdisciplinaria.


®
 Derechos Reservados. Originalmente publicado en Vocero.

24 de octubre de 2013

Salvador Ruiz de Chávez: sobre la virtud individual y los vicios sociales

Por Pedro Flores Crespo*

Salvador Ruiz de Chávez Ochoa (SRCH, n.1948) fue director de la Facultad de Contaduría y Administración de la Universidad Nacional Autónoma de México de 1989 a 1993 y tuvo el acierto de fijar como horizonte de esa institución la calidad académica. Esto implicó el desarrollo y puesta en marcha de innovadores programas, arduas jornadas de trabajo, internacionalización del quehacer universitario, un firme liderazgo y sobre todo, una clara convicción por el desarrollo integral de los estudiantes. Había que transformar la fisonomía de una de las facultades más grandes de la UNAM.
Pero mover una facultad hacia la transformación académica no fue fácil. SRCH tuvo que tomar decisiones en un ambiente adverso, el cual gradualmente se fue transformando como resultado de su incansable esfuerzo y de una particular mística personal. Pese a la hostilidad, SRCH supo conformar un equipo de trabajo unido y profesional (Juan José Pérez Castañeda, Jorge Acoltzi, Eva Ruelas, Óscar Lara-Fournier, Jesús Escobedo, Alfonso Orozco-Castañon, Nadima Simón y Fernando Arias Galicia, entre otros). Además, siempre mantuvo la esperanza en los jóvenes estudiantes y en los profesores. Reflejo de ello, fue su convicción de fundar, en 1998, la Asociación de Profesores de Contaduría y Administración de México (APCAM), cuya misión es promover la creación de oportunidades de desarrollo para los académicos y así mejorar la función docente.
Si tomamos en cuenta que Administración, Negocios y Contabilidad son áreas que aglutinan alrededor del 17 por ciento de la matrícula escolarizada total de licenciatura (527,279 jóvenes) y que los actuales programas del mejoramiento docente dejan fuera al profesor de asignatura, se podrá aquilatar mejor la importancia de la APCAM en el campo de la educación superior. Desde 1998, esta asociación ha organizado, anualmente, el Congreso Internacional sobre Innovaciones en Docencia e Investigación en Ciencias Económicas Administrativas y mantiene una revista electrónica arbitrada (www.apcam.org.mx).
Pero a muchos, inexplicablemente, el valioso trabajo de la APCAM les incomoda. Aún así, SRCH no se arredra y prefiere fijarse nuevas metas en el sector universitario y fuera de él, un día diseña y organiza exámenes generales de egreso para contaduría y administración desde el Ceneval, otro organiza los procesos de evaluación interinstitucional de los CIEES (Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior) o se le ocurre fundar una consultora educativa y además, dirigir el área de capacitación y desarrollo institucional de la Auditoria Superior de la Federación. Por si esto fuera poco, sigue practicando la natación, deporte que lo llevó, en 1968, a ser miembro del equipo nacional junto a campeones de la talla de Guillermo Echevarría, Felipe “el Tibio” Muñoz y María Teresa Ramírez. Creo que si Salvador Ruiz de Chávez viviera en un país moderno, las más reconocidas universidades del país no hubieran prescindido de sus capacidades y labor docente; pero México es, a veces, terriblemente ingrato. ¿No me creen? Pregúntele a muchos otros académicos, intelectuales y artistas que tienen que dejar su tierra para poder abrirse camino. Aquí el mérito es lo de menos. ¡Vivan los compromisos, ambición e intereses!
Al contrario de otros “universitarios” que se amargan por la pugna académica, SRCH sigue creyendo en las personas, mantiene su buen humor y ensancha su generosidad. Quizás sus estudios, vida y amor por el Japón le introdujeron el gen estoico y trabajador, que muchos de los que colaboramos con él tuvimos que “sufrir” y adoptar en algún momento. Vimos entonces que la herencia no sólo es un proceso de índole genético, sino que las virtudes también puede incrustarse en nosotros por admiración y cariño. ¿Como en los sistemas cuánticos abiertos?
Mañana 25 de octubre de 2013 una aula del Centro de Desarrollo Docente de la FCA-UNAM llevará oficialmente el nombre de Salvador Ruiz de Chávez. Tal hecho reconoce a un maestro dedicado, a un director visionario, a un amigo que supo ser leal y a un universitario cuya impecable trayectoria profesional no se ha asentado en la lisonja ni en la cultura cortesana que aun, por desgracia, sigue permeando la vida universitaria. Aun cuando SRCH fue capaz de centrar su atención y preocupación en la vida y trayectoria de los jóvenes estudiantes (aparte de mejorar los indicadores clásicos de desempeño), la Junta de Gobierno de la UNAM decidió no reelegirlo para el periodo 1993-1997. A 20 años de esa inexplicable decisión, quedan muchas lecciones y preguntas abiertas para la vida y “cambio” institucional de la Universidad Nacional. 
Como egresado de la FCA, espero que los estudiantes que crucen la puerta del salón Salvador Ruiz de Chávez mediten que así como las virtudes individuales pueden cultivarse por medio de la reflexión y el estudio, la envidia, ambición y mala leche son vicios de cualquier espacio social. Pero no hay que arredrarse, hay ejemplos concretos que siguen marcando una línea honesta y congruente en el quehacer universitario. A éstos hay que unirse y seguir.


* Pedro Flores Crespo es Doctor en Política por la Universidad de York, investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio.

22 de octubre de 2013

La educación superior particular y la distribución de oportunidades educativas en México

Este ensayo presenta un análisis de la evolución de la educación superior de sostenimiento privado en México durante las dos décadas más recientes. La perspectiva de análisis tiene como objetivos valorar el desarrollo de este tipo de oferta educativa y llamar la atención sobre la necesidad de discutir la función social que debiera cumplir en un entorno caracterizado por una insuficiente e injusta distribución de las oportunidades educativas. Las sugerencias derivadas de las reflexiones contenidas en este texto pretenden alimentar el debate público sobre este tema, acción fundamental para avanzar hacia soluciones óptimas.


Para visualizar completo el texto, recorre manualmente la visualización dando clic en el indicador que se ubica en la parte superior izquierda.

Carlos Muñoz Izquierdo es Licenciado en Economía por el ITAM y doctor honoris causa por  la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México. Es investigador emérito y fundador del INIDE de la UIA. Marisol Silva Laya es doctora en Educación por la Universidad Iberoamericana (Ciudad de México). Actualmente es Directora del INIDE. E-Mail: marisol.silva@uia.mx  

21 de octubre de 2013

Premian a ganadores de Concurso Nacional de Ensayo

Se llevó a cabo la premiación de los ganadores del Primer Concurso Nacional de Ensayo sobre Extensión de la Cultura y Divulgación de la Ciencia, que realizó la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), a través de la Secretaría de Rectoría e Imagen Institucional (SRII).
En la categoría Extensión de la Cultura, el ensayo ganador fue de Luz María Ortega Villa, catedrática de la Facultad de Ciencias Humanas de la UABC, quien presentó “Viejos problemas, nuevas preguntas y escenarios para la extensión de la cultura”, en el que se hace un recorrido sobre los orígenes de la función de la Extensión Universitaria desde principios del siglo XX y como está marcada en América Latina como una vocación de servicio público.
En Divulgación de la ciencia el ganador fue Carlos Enrique Orozco Martínez, profesor del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), de Guadalajara, quien presentó el ensayo intitulado “Sin embargo, se mueve. La divulgación de la ciencia en México”, el cual es un análisis que ofrece diversas propuestas para mejorar la divulgación de la ciencia en el país.
Cada uno de ellos recibió un cheque por 100 mil pesos entregado por el doctor Felipe Cuamea Velázquez, Rector de la UABC, quien comentó que estos trabajos serán publicados en un libro impreso por el Departamento de Editorial Universitaria de la UABC, cuyo tiraje será de mil ejemplares. 
Asimismo, entregó las menciones honoríficas a Bianca Garduño Bello, del Distrito Federal, quien participó con el ensayo “La extensión de la cultura universitaria en México: un ensayo sobre su historia, conceptualización y relevancia”, y a Osvaldo Joya Rubio de Tijuana por su trabajo intitulado “La inflexión cultural”.
 También recibieron menciones honoríficas Raquel Torres Peralta de Hermosillo, Sonora por “Hagamos ciencia: ciencia viva, ciencia portátil, ciencia interactiva”, y Alejandro Benítez Aguilar de Cholula, Puebla por “Cultura; extensión y conversación”. Cabe mencionar que todos estos trabajos también serán publicados en el libro.
El jurado seleccionador estuvo integrado por Antonio Calera-Grobet, actualmente escribe para las revistas Letras Libres y Variopinto; Estrella Burgos Ruiz, Directora de la revista “¿Cómo ves?”, de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM, y por Luis Jesús Galindo Cáceres, autor de 25 libros, con más de 300 artículos publicados en 14 países de América y Europa.
En la ceremonia de premiación realizada ayer, el doctor Cuamea Velázquez mencionó que este concurso se llevó a cabo en el marco del Programa de Extensión “Presencia Cultural UABC”, el cual concentra más de 370 eventos culturales dirigidos tanto a la comunidad universitaria como la sociedad en general, principalmente a quienes tienen difícil acceso a las actividades de extensión de la cultura y divulgación de la ciencia.
“En un ejercicio de congruencia hemos realizado esfuerzos para recuperar y relanzar el quehacer de las actividades de extensión cultural universitaria, con la asignación de recursos crecientes a proyectos claros y específicos a esta función sustantiva para la universidad” expresó el Rector, reiterando que la extensión es una actividad tan importante como lo es la docencia y la investigación. 
Agregó que la asignación presupuestal en la UABC para este rubro pasó de 153 millones en el 2011 a 230 millones en el presente año, y que a pesar del recorte presupuestal del Gobierno Federal en el rubro de extensión de la cultura, en la Universidad se está trabajando para que en el presupuesto del 2014 se registre un incremento presupuestal neto y directo de al menos el 10 por ciento en relación con el 2013.
El doctor Cuamea Velázquez anunció 3 nuevas convocatorias el “Certamen Universitario Nacional de Poesía”, la “Convocatoria de apoyos para el desarrollo de proyectos de Extensión de la Cultura y Divulgación de la Ciencia”, y el “Concurso Universitario de Canto”.
También conformaron el presídium de la ceremonia de premiación el doctor Alfredo Félix Buenrostro Ceballos, Coordinador General den Centro de Estudios Sobre la Universidad y representante de la Junta de Gobierno; doctor Miguel Ángel Martínez Romero, Vicerrector del Campus Mexicali; maestro Saúl Méndez Hernández, Coordinador de Formación Profesional y Vinculación Universitaria, así como el maestro Luis Hirales Pérez, Jefe del Departamento de Extensión Cultural y los Servicios.

® Derechos Reservados. Originalmente publicado en UABC Noticias.

7 de octubre de 2013

Cada vez son más los graduados sin empleo

Pese a que en el sexenio pasado se crearon sólo 40 por ciento del total de empleos necesarios para eliminar el desequilibrio de egresados de licenciatura y su entrada al sector productivo de la sociedad, lo preocupante es que hoy no existen indicios de que la magnitud del problema haya disminuido.
En México, el subempleo estructural es generado por la disparidad entre el ritmo al que crece la economía para incorporar productivamente a los egresados del sistema escolar, y la velocidad a la que se expende el número de egresados de educación superior provoca una situación que afecta a los egresados de cualquier nivel educativo, pero principalmente a los de instituciones de educación superior.
El doctor Carlos Muñoz Izquierdo, del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (Inide) de la Universidad Iberoamericana, y también ganador del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2012, indicó que durante la segunda mitad del siglo pasado la proporción de egresados de educación superior que pudo obtener empleos acordes a su escolaridad disminuyó paulatinamente hasta descender a 0.27 al terminar la década de los 90.
Por ello, en el año 2000, casi cuatro egresados (3.73) tenían que competir por el mismo puesto profesional generado en el sistema productivo. Como ocurre en cualquier mercado en el que la demanda es inferior a la oferta, los precios (en este caso, los salarios relativos de los egresados) tendieron a la baja, dijo.
De esta forma, los egresados que no consiguen el puesto por el que compiten con tres personas más, no quedan desempleados necesariamente, pero sí se ven obligados a aceptar ocupaciones menos productivas que aquellas a las que se orientaron sus carreras, apuntó el experto de la Ibero, casa de estudios que celebra 70 años de existencia.
Así, más que una “sobreoferta de profesionales”, se registra un “déficit de demanda”, una incapacidad estructural de la economía para absorber en condiciones aceptables a los egresados del sistema escolar, empezando por quienes han cursado la educación de nivel superior.
Para combatir este problema, el especialista sugiere que en lugar de desacelerar el crecimiento de la demanda por educación superior tradicional, se requiere que sus egresados estén preparados para realizar funciones de carácter general (como el diseño, planeación, administración y evaluación de productos, procesos y organizaciones).
También será indispensable aceptar que el crecimiento de la oferta educativa no se puede limitar a satisfacer la demanda laboral generada en el sector tecnológicamente más avanzado del sistema productivo, ya que el crecimiento de ella es y seguirá siendo insuficiente para absorber en condiciones adecuadas a dichos egresados, exhortó el investigador.
En lugar de tener como único referente el crecimiento de esa demanda, el sistema escolar debe preparar a sus egresados para crear nuevas ocupaciones productivas, por lo que “es necesario que las instituciones de educación superior revisen la orientación de sus funciones de docencia, investigación, servicio y difusión, con el fin de incluir algunas actividades que se dirijan al análisis, interpretación y gradual solución de los problemas que afectan a las actividades productivas realizadas fuera de los sectores hegemónicos del sistema económico del país”, recomendó Muñoz Izquierdo. Al concluir sus estudios de licenciatura, 75 por ciento de los alumnos de la Ibero ya trabajan en su campo, mientras que el resto encuentra empleo en los siguientes cinco meses.


Carlos Muñoz Izquierdo es Licenciado en Economía por el ITAM y doctor honoris causa por  la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México. Es investigador emérito y fundador del INIDE de la UIA. Originalmente publicado en Sin Embargo.

23 de septiembre de 2013

La puerta falsa de profesionistas

Por Enrique Huerta*

Haber concluido sus estudios en Tecnología Ambiental en la Universidad Tecnológica de Nezahualcóyotl, en el estado de México, no le garantizó a Mayra Ruiz aplicar los conocimientos de su profesión y, en vez de eso, hoy se dedica a vender brazaletes para entrar a las discos de Playa del Carmen.
Hace cuatro años partió hacia Quintana Roo ilusionada en encontrar una actividad acorde con su profesión pero después de frustrados meses de búsqueda tuvo que aceptar lo primero que le ofrecieran para poder subsistir.
Por eso, al preguntarle sobre sus sentimientos de laborar en algo para lo cual no estudió, Mayra acepta que esta situación la desanima.
“Tenía muchos proyectos que sentía que valían la pena pero aquí nadie te escucha y no le dan importancia al ambiente, entonces no sentí que hubiera manera de ejercer mi carrera. Obviamente no tengo palancas para laborar en ningún lado”, cuenta. 
No se trata de un caso aislado sino de algo que cada vez es más común entre los jóvenes que concluyen una carrera con la falsa esperanza de, alguna vez, ponerla en práctica.
“En este trabajo somos 15 jóvenes encargados de llevar gente para todos los bares y las discos, uno de ellos es contador y el otro arquitecto”, dice.
La realidad a la que se enfrentan los jóvenes es que estudiar una carrera ya no es garantía para conseguir un trabajo digno, bien pagado y que te dé para aspirar a un nivel de vida decoroso.
En México, la tasa de desocupación de los jóvenes entre los 20 y los 24 años de edad (rango en el cual se encuentran la mayoría de los estudiantes a nivel superior), es del 9.2 por ciento.
La situación no mejora para aquellos que ocupan el rango que va de los 25 a los 29 (edad en la que regularmente se ubica a los egresados de las universidades), pues el desempleo se ubica en 6.7 puntos porcentuales, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2013.
Además, según el documento denominado “Estadísticas a propósito del Día Internacional de la Juventud”, del Inegi, el 44.8 por ciento de los jóvenes ocupados de 25 a 29 años, con estudios profesionales terminados, desarrollan actividades no profesionales, pero la incidencia en el estrato socioeconómico bajo aumenta hasta 60.4 por ciento.
En otras palabras, casi la mitad de los jóvenes que cursaron una carrera (sea licenciatura o técnica) se dedican a otra cosa diferente a lo que estudiaron en las aulas de sus universidades.
Disociación. Y es que a pesar de esta situación, gran parte de los egresados de universidades está satisfecho con la formación recibida en su institución, según revela un estudio realizado por la Universidad Iberoamericana.
“El 70 por ciento de los egresados encuestados dijeron sentir satisfacción por la formación recibida en la universidad”, comenta Marisol Silva Laya, directora del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación de la Ibero.
Y prosigue: “Nosotros hicimos un estudio comparativo de la percepción en siete países de Iberoamérica sobre la competencia profesional de los jóvenes que egresan de las universidades y cómo se relacionan con las necesidades del mercado laboral y sociales”.
Los resultados arrojaron que a pesar del optimismo de los egresados encuestados, éste no es compartido por los empleadores de Brasil, Argentina, Colombia, Perú, Chile, España y México, naciones donde se llevó a cabo el muestreo.
“Si comparamos esta satisfacción de los estudiantes con los empleadores, hay una cierta distancia, en la que los porcentajes se ubican entre 40 y 55 por ciento con la formación profesional de los encuestados”, señaló la académica.
Asimismo, el estudio arrojó que alrededor de 70 por ciento de los jóvenes encuestados piensan que incorporarse a un trabajo es muy difícil, aun teniendo título universitario.
“Hay una desarticulación entre tener una formación universitaria y poder encontrar un espacio en el mercado de trabajo que satisfaga las expectativas de los jóvenes”, explica Marisol Silva.

La especialista refiere que valdría la pena indagar sobre los elementos que conforman la diferencia entre lo ofrecido por los egresados de las universidades y las necesidades de los empleadores, así como el papel en los planes de estudio de las instituciones de educación superior.
“No con la idea de adaptar de forma sistemática los planes de formación a las demandas del mercado de trabajo, pero sí los ajustes que se consideren pertinentes dentro de un concepto de formación universitaria, que es mucho más integral que las competencias instrumentales para incorporarse al mercado de trabajo”.
Además, la especialista acepta que generalmente aquellos egresados que consiguen un trabajo en su área laboral, no están satisfechos con el salario y eso también constituye una desarticulación en el desarrollo económico y productivo del país, y la oferta de recursos humanos calificados a nivel universitario.
“No siempre el aparato productivo del país se está desarrollando al ritmo que se debiera desarrollar para absorber a los egresados de las instituciones”.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su documento “Trabajo decente y juventud en América Latina”, recomienda que para mejorar la transición de la escuela al trabajo, se lleven a cabo algunas medidas, tanto por las instituciones de educación como por las empresas.
En el caso de las universidades, se recomienda que hagan cambios curriculares con la participación efectiva de las empresas en el rediseño de los mismos, además de una capacitación de los profesores para que produzcan “efectos de identificación con el mundo de la economía y la producción”; fomentar la formación técnica intermedia, sobre todo en las áreas rurales y urbanas marginales; facilitar estadías de los alumnos en centros productivos y las prácticas pre-profesionales como parte indispensable de la formación, entre otras acciones.
En el caso de las empresas, el organismo sugiere que se involucren con la capacitación laboral de sus trabajadores jóvenes, además de especializarlos en las tareas que desempeñan; introducir cambios técnicos en los centros de trabajo; incrementar las relaciones empresariales con el sistema educativo para servir como centros de práctica informativa, de orientación vocacional o de desarrollo de programas de inserción en el empleo.
Estas recomendaciones van acorde con las conclusiones a las que llega Marisol Silva, directora del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación de la Universidad Iberoamericana:
“Nosotros sugerimos que hay que profundizar los diálogos y poner en agenda estos problemas para su solución. Creo que la planeación desarticulada no es la respuesta, sino que debe de haber soluciones plurales en este problema”.
Desde las universidades. Para saber qué tipo de acciones manejan las universidades de la entidad respecto a la vinculación del estudiantado con el mundo laboral, Luces del Siglo entrevistó a los especialistas.
En la Universidad del Caribe (Unicaribe), la jefa del Departamento de Vinculación y Prácticas Profesionales, la maestra Ilse Graciela Mandujano Wild, explica que esta casa de estudios estipula que sus alumnos, de manera obligatoria, deben pasar por tres o cuatro estadías en empresas –dependiendo de la carrera–.
Con base en sus cifras internas, Mandujano Wild afirma que los estudiantes de la Unicaribe no tienen muchos problemas para ubicarse laboralmente, que se van quedando en las prácticas y que en cada periodo consiguen el trabajo alrededor del 16 por ciento de los practicantes. Esto arrojaría una efectividad de 64 por ciento.
En la Universidad Tecnológica de Cancún (UT), comenta Ana Lucía Méndez, responsable del Departamento de Seguimiento de Egresados y de la Bolsa de Trabajo, se maneja el esquema de 70 por ciento prácticas y 30 por ciento teoría –más las prácticas profesionales, que también son obligatorias–.
Señala que este enfoque práctico es una de las ventajas de estudiar en la UT, pues los chicos ya salen preparados para entrar de lleno en el campo de trabajo.
Explica: “Obviamente, las carreras que nosotros manejamos son las que mayormente requiere el sector productivo, como turismo. Ahora, la carrera ‘más taquillera’ es la de gastronomía, que es la que está teniendo mucho más auge”.
Por su parte, la maestra María Eugenia Hernández Muñoz, encargada del Departamento de Acción Social, Servicio Social y Bolsa de Trabajo de Universidad La Salle, detalla que “como la mayoría de los alumnos trabajan, entonces cuando egresan de la universidad ya tienen experiencia”.
Sin embargo, esta institución también cuenta con prácticas y bolsa de trabajo, al igual que la Unicaribe y la UT.
En este último aspecto, no sólo la institución cuenta con una bolsa de trabajo general sino también individual, por cada carrera.
“Generalmente nos piden jóvenes con experiencia, por lo que cuando terminan ya suben de nivel de puesto, y la Universidad La Salle los vincula con empresas, por ello encontramos gerentes que empezaron como auxiliares administrativos”, dice.
A pesar de estas acciones, cada vez son más los jóvenes que egresan de las universidades y se las ven negras para conseguir un empleo decoroso, que por lo menos esté acorde a lo que estudiaron.
Gonzalo Díaz, estudiante de quinto semestre de gastronomía en la Unicaribe, platica que un profesor fue honesto con su grupo.
“Del 100 por ciento de ustedes, un 30 por ciento van a ser chef ejecutivo, los demás no. Ustedes están estudiando para cocineros, no para chefs”, relata el joven, quien de paso cuenta que su hermana trabajó en ventas de viaje.
“Ella estudió turismo aquí también (Unicaribe), pero ya con su título está buscando otro trabajo sobre lo que estudió”.
Hay otros jóvenes que no tienen la oportunidad de ejercer lo que estudiaron, como el caso de Mayra Ruiz.
“Ejercí durante mis prácticas profesionales en el Sistema de Transporte Colectivo (Metro) y como es carrera técnica duró 2 años y medio, pero salí con mi cédula profesional y título universitario. Las prácticas fueron obligatorias para presentar la tesis”, comenta, para luego rematar que solamente un compañero que estudió con ella en el estado de México encontró el empleo ideal.


® Derechos Reservados. Originalmente publicado en Luces del Siglo.

10 de septiembre de 2013

Equidad en los resultados de la educación

Por Sylvia Schmelkes*

El libro El primer año universitario entre jóvenes provenientes de sectores de pobreza: un asunto de equidad es el informe de una investigación llevada a cabo por las autoras, bajo la convocatoria del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación de la Universidad Iberoamericana. Forma parte de los estudios tendientes a constituir una línea de investigación sobre equidad en educación superior.

Se trata de un estudio por demás novedoso, original y, diría, necesario. Es un cuestionamiento a fondo de las políticas de equidad, en general –no sólo en educación superior– que consideran que basta con aumentar las oportunidades de acceso a la educación para que los sectores empobrecidos puedan acceder a un servicio antes negado. Y digo que esta tesis central del libro es aplicable a toda la educación, pues tenemos evidencia contundente de que, a pesar de los grandes avances logrados en la cobertura educativa de la educación en general y de la básica en particular, a partir del inicio de la expansión educativa en los años sesenta del siglo pasado, los resultados en permanencia, tránsito y, sobre todo, en aprendizajes reales guardan una estrecha correlación con los antecedentes socioeconómicos y étnicos de los alumnos.


Para visualizar completo el texto, recorre manualmente la visualización dando clic en el indicador que se ubica en la parte superior izquierda.

*Sylvia Schmelkes del Valle es Socióloga y Maestra en Investigación Educativa (Universidad Iberoamericana - Ciudad de México). Fue Directora del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación de la UIA de 2008 a 2013. Actualmente es Presidenta del Instituto Nacional de Evaluación de la Educación (INEE).

9 de septiembre de 2013

Conocimiento y saber: el final de la "cultura dominante"

Por Luis Gregorio Sosa Grajales*
La idea de que el conocimiento es algo exclusivo de contenidos o medios académicos se encuentra en crisis. Hoy por hoy, una amplia variedad de libros, filmes, canciones, historietas, e incluso otras expresiones de la cultura popular electrónica (como los llamados memes de internet) ofrecen a los profesores una infinidad de recursos, ejemplos y analogías que pueden utilizarse para reforzar o complementar los aprendizajes de los estudiantes. Sin embargo, es notorio que aún persiste un rechazo desde la academia por utilizar (en las aulas) otros tipos de saber y conocimiento. La razón de esto: desconocimiento y esnobismo.
La modernidad y su lógica de progreso están fundadas en el cientificismo lógico. Como resultado de estos procesos, la escuela del siglo XX sólo consideró como válido y “real” al conocimiento que provenía de la ciencia, y que en última instancia, se producía en la academia y centros del saber asociados.
Otros tipos de conocimiento (el saber diario, el que proviene de nuestras culturas originarias, el conocimiento espiritual, e incluso el que se encontraba reflejado en obras de la cultura popular) han sido vistos desde entonces como saberes de segunda, innecesarios y superfluos ante la “verdad única”: el conocimiento comprobable, estructurado y sistemático al que sólo podemos acceder con el método científico.
Sin embargo, las realidades actuales y los nuevos escenarios de globalización y pluralidad, han puesto en crisis esta premisa, generando tensiones que se viven cada vez con mayor fuerza en los centros de estudio, sobre todo en las universidades. Y es que el ideario de una ‘cultura superior’, herencia del cientificismo y la escuela modernista, parece haber llegado a su fin. El término de este paradigma, sin embargo, no proviene de la sustitución de un sistema por otro, sino que se está dando al replantear una lógica que hemos considerado como única y verdadera. Y es que nunca existió una ‘cultura superior’, gestora de todo el conocimiento y el saber ‘real’. Lo que sí existe es conocimiento y saber como concepto y como sistema que integra todo lo humano: venga de donde venga (eso sí, no siempre con el mismo valor, relevancia o intensidad).
En ese sentido, la escuela modernista se ha encargado de hacernos partícipes de una suerte de clasismo del conocimiento, el cual, en muchos casos, sigue imperando en el discurso educativo. El conflicto aumenta al encontrarse algunos de los reproductores de esta ideología (profesores, diseñadores del currículo, académicos e investigadores) con los jóvenes nativos de la globalización, la digitalidad y de la Sociedad de la Información y el Conocimiento, sujetos que su propio saber de todos los espacios y todos los medios a los que tienen acceso. Esta tensión puede llegar a ser irreconciliable, y en algunos casos puede producir –entre otros factores– que se debilite la relevancia y la pertinencia de la educación en el imaginario de los estudiantes.
Ya antes he sostenido que uno de los cánceres más fuertes de la educación actual, es la creencia de que el ‘mejor conocimiento, el mejor saber y la forma correcta de enseñar, es aquella en la que fuimos instruidos’, pues esta ideología no solo pasa por alto el saber propio de los estudiantes y la forma en la que estos (fuera del ambiente escolar) construyen o adquieren el conocimiento, sino también sus referentes culturales, su creatividad personal, e incluso sus propios intereses.
Acompañando a este síndrome, viene el ya conocido síntoma de caricaturizar a los estudiantes como entes carentes de creatividad, imaginación e ingenio, zombis faltos de interés y motivaciones, cuando quizás somos nosotros los que producimos tales situaciones al imponerle a los jóvenes formas y modelos de pensar, de adquirir el saber y construir el conocimiento que ya no son dominantes en el mundo actual.
Tal vez sea hora de que dejemos el debate estéril sobre el saber “bueno y malo”, y explotemos las potencialidades que el conocimiento, venga de la fuente que venga, nos puede ofrecer al momento de generar saber relevante y pertinente para nuestra sociedad y sus necesidades.

* Originalmente publicado en Forbes MéxicoLuis Gregorio Sosa Grajales es Maestro en Investigación Educativa por la Universidad Iberoamericana (Ciudad de México) y académico de la Dirección de Servicios para la Formación Integral de la UIA. Desde 2009 colabora en el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE). Email: luis.sosa@uia.mx

3 de septiembre de 2013

Tiene dificultad 70% de egresados para encontrar trabajo

Para 70 por ciento de egresados en México es difícil integrarse al mercado laboral, reveló un estudio realizado por el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE) de la Universidad Iberoamericana, y las fundaciones Universia y Telefónica.
En el ‘Informe de competencias profesionales en preuniversitarios y universitarios de Iberoamérica’, presentado en la Ibero campus Santa Fe, se establece también que 51 por ciento de los egresados de México tienen empleo de tiempo completo, 17 por ciento de tiempo parcial y 19 por ciento no trabaja.
El estudio exploratorio y descriptivo refleja la percepción que tienen rectores de universidades, desarrolladores de planes de estudio, empleadores, profesores, alumnos y egresados en México, Argentina, Brasil, Colombia, Chile, España y Perú.
La investigación académica dirigida por Marisol Silva Laya, directora del INIDE, señala que entre las tres competencias que los egresados valoran más para conseguir un empleo está la toma de decisiones, aplicación de conocimientos y capacidad para planificar el tiempo.
En tanto que los empleadores consideran que las competencias más desarrolladas por los solicitantes de empleo son aprendizaje permanente, trabajo en equipo y habilidades en el uso de tecnologías de información y comunicación.
La mayoría de quienes se han incorporado al mercado laboral opinan que su trabajo coincide en alguna medida con sus estudios universitarios, lo que manifiesta que la educación superior contribuye al desempeño de las personas en el mercado de trabajo.
No obstante, entre 10 y 25 por ciento declara baja o nula coincidencia entre sus actividades laborales y su formación universitaria.
Del lado de los empleadores, aunque hay disparidad de opiniones al analizar la satisfacción por sector de actividad económica, sólo 51 por ciento está satisfecho con la formación de los egresados, 13 por ciento insatisfecho y 37 por ciento se declara ni satisfecho ni insatisfecho.
En el plano académico, las tres competencias más deficientes en preuniversitarios, según los profesores de las universidades, son la capacidad para planificar el tiempo, aprendizaje de un segundo idioma y capacidad de abstracción, análisis y síntesis.
Los distintos actores participantes en la investigación señalan a la universidad como el principal formador de competencias profesionales, pero reconocen la importancia de la educación previa en el desarrollo de algunas de ellas.
Asimismo, el documento subraya la urgencia de que los sistemas educativos y productivos trabajen en conjunto diseñando una educación de mayor calidad, que garantice un amplio dominio de competencias, y el acceso de los jóvenes a un trabajo decente, pues todo ello favorecerá su mejor desempeño en la sociedad.
A la presentación del informe acudieron José Morales Orozco, rector de la Universidad Iberoamericana; Arturo Cherbowski, director general de Universia, y Alejandro Mendoza Alvarez, director de la División de Humanidades y Comunicación de la Ibero, entre otros.

® Derechos Reservados. Originalmente publicado en Diario de Oaxaca.

2 de septiembre de 2013

¿Hay futuro para las revistas científicas en educación?

Por Pedro Flores Crespo*

Recientemente, la comunidad de investigadores educativos ha estado involucrada en un debate que va a crecer y que será ineludible en los próximos años. ¿Cómo será la revista científica del futuro? ¿Podrán estos medios asegurar un mayor número de lectores o sólo servirán para que el académico acumule puntos?, como alerta Manuel Gil (Colmex). ¿Debemos trasladarnos lo más rápido posible al formato electrónico y olvidarnos completamente del papel? ¿Cómo lidiar con las “perversiones” que genera el acceso abierto como el plagio y los journals “depredadores” (Roberto Rodríguez, UNAM)? ¿Es el factor de impacto el criterio que ahora va a privilegiar el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) para calificar las publicaciones del investigador? ¿Mejoraría esto la calidad de la producción científica del país o sólo serviría para distorsionar aún más la profesión académica?
El pasado 12 de agosto, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) convocó a todos los directores y editores de las revistas incluidas en su índice —que suman 113 — a una reunión para discutir el proyecto e-revistas. Al asistir como director de la Revista Mexicana de Investigación Educativa del consejo del mismo nombre (Comie), pude conocer los argumentos y las razones por las cuales, según Conacyt, nos conviene movernos hacia al formato electrónico. Básicamente, se trata de que lo que se publique en nuestras revistas, por ser de alta calidad, tenga un mayor impacto y visibilidad en el circuito global de conocimiento. ¿Quién podría objetar tal propósito? Pocos. Sin embargo, como el “diablo está en los detalles”, varios tuvimos la oportunidad de expresar nuestras preocupaciones a los funcionarios del Conacyt.
En primer lugar, se demandó que si el Consejo iba a apoyar financieramente este proyecto tuviera continuidad y que no nos fuera a dejar “colgados de la brocha”. Segundo, la historia y naturaleza de las revistas es diversa y esto implica estrategias igualmente diferenciadas. Por ejemplo, la RMIE, como otras tantas revistas, recibe el respaldo de una organización —el Comie—, pero sus integrantes están adscritos a decenas de instituciones, entonces, ¿en dónde se podrá albergar la plataforma para poder desarrollar una revista electrónica? En la Universidad Nacional Autónoma de México, gracias al convenio que Conacyt suscribirá con esta casa de estudios. 
Una tercera preocupación de los directores de las revistas científicas era que si queremos reforzar nuestros medios de comunicación científica y hacerlos altamente visibles, Conacyt en general y el SNI en particular, tiene que adecuar sus criterios de evaluación. Actualmente, hay un desbalance: cuenta más escribir en journals extranjeros que en los nacionales. Además, según varios colegas, dictaminar artículos o ser director de una revista científica que está incluida en el índice, no cuenta como criterio de evaluación en el SNI. A todas estas inquietudes los funcionarios de Conacyt se mostraron sensibles y han intentado tener una constante retroalimentación.
Como en todo proceso de cambio, varios compañeros manifestaron cierto temor y dijeron que hay que meditar seriamente cómo afectará el traslado de formato los procesos de dictaminación. Aquí, varios aprendimos al escuchar los contraargumentos de otros directores que ya han llevado sus revistas hacia el terreno electrónico y acceso abierto. Por lo tanto, no hay que alarmarse en este sentido. Hay otras cuestiones que son más preocupantes y que demandan urgente atención.
Una semana más tarde, en la ceremonia del 35º Aniversario de la revista Perfiles Educativos que mantiene el Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE) de la UNAM, Imanol Ordorika y Roberto Rodríguez coincidieron en señalar que hay una tendencia hacia la mercantilización del conocimiento y dentro de esta corriente, han surgido grandes consorcios que son los que se encargan de hacer los índices científicos para medir el impacto de las revistas científicas. Estas empresas, de paso, también son los que generan y publican los rankings universitarios con que se trata de “evaluar” la función de las universidades. 
Este reduccionismo ha tenido graves consecuencias y habrá que enfrentarlo con “estrategias institucionales innovadoras” (Ordorika). Una de estas estrategias, no es excluir a otras revistas, sino “hermanarse”, como acertadamente dijo Ricardo Cantoral, director de la prestigiosa Revista Latinoamericana de Investigación en Educación Matemática (Relime) (Cinvestav). “Hay que vincular los sitios electrónicos de las distintas revistas científicas en educación, hacer que los comités editoriales interactúen, compartir editoriales” e ir discutiendo la idea de los mega journals. 
Los meta journals son revistas que abarcan un amplio espectro de disciplinas y subdisciplinas científicas dentro de un campo de estudio específico y que tienden a cuestionar la forma tradicional de publicar (Journals Consortium). Los mega journals aprovechan las economías de escala, son de acceso abierto y tienden a publicar en menos tiempo una gran cantidad de artículos. No hay límites “artificiales” para crecer, dice Peter Binfield de la Public Library of Science (PloS).
Sin duda alguna, los editores e investigadores educativos de México y de América Latina tenemos enfrente una gran oportunidad de demostrar que podemos estar presentes en los nuevos circuitos globales de conocimiento, si es que sabemos cooperar con el otro. Y en esto sí que hay una gran incógnita dada la envidia, intereses o fantasías de superioridad que aún prevalecen en algunos círculos universitarios. ¿Seguiremos reproduciendo nuestras “tribus y territorios académicos” (Becher) o seremos capaces de construir verdaderas comunidades?
Nos desprenderemos de nuestros “bebés” (o sea, de las revistas) para incubar un frente común de conocimiento que sea pluridisciplinar? El mundo de conocimiento actual presenta muchos retos, pero también la posibilidad de hacer visibles las virtudes del académico mexicano. ¿O será que pereceremos?

* Pedro Flores Crespo es Doctor en Política por la Universidad de York, investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio.