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9 de septiembre de 2013

Conocimiento y saber: el final de la "cultura dominante"

Por Luis Gregorio Sosa Grajales*
La idea de que el conocimiento es algo exclusivo de contenidos o medios académicos se encuentra en crisis. Hoy por hoy, una amplia variedad de libros, filmes, canciones, historietas, e incluso otras expresiones de la cultura popular electrónica (como los llamados memes de internet) ofrecen a los profesores una infinidad de recursos, ejemplos y analogías que pueden utilizarse para reforzar o complementar los aprendizajes de los estudiantes. Sin embargo, es notorio que aún persiste un rechazo desde la academia por utilizar (en las aulas) otros tipos de saber y conocimiento. La razón de esto: desconocimiento y esnobismo.
La modernidad y su lógica de progreso están fundadas en el cientificismo lógico. Como resultado de estos procesos, la escuela del siglo XX sólo consideró como válido y “real” al conocimiento que provenía de la ciencia, y que en última instancia, se producía en la academia y centros del saber asociados.
Otros tipos de conocimiento (el saber diario, el que proviene de nuestras culturas originarias, el conocimiento espiritual, e incluso el que se encontraba reflejado en obras de la cultura popular) han sido vistos desde entonces como saberes de segunda, innecesarios y superfluos ante la “verdad única”: el conocimiento comprobable, estructurado y sistemático al que sólo podemos acceder con el método científico.
Sin embargo, las realidades actuales y los nuevos escenarios de globalización y pluralidad, han puesto en crisis esta premisa, generando tensiones que se viven cada vez con mayor fuerza en los centros de estudio, sobre todo en las universidades. Y es que el ideario de una ‘cultura superior’, herencia del cientificismo y la escuela modernista, parece haber llegado a su fin. El término de este paradigma, sin embargo, no proviene de la sustitución de un sistema por otro, sino que se está dando al replantear una lógica que hemos considerado como única y verdadera. Y es que nunca existió una ‘cultura superior’, gestora de todo el conocimiento y el saber ‘real’. Lo que sí existe es conocimiento y saber como concepto y como sistema que integra todo lo humano: venga de donde venga (eso sí, no siempre con el mismo valor, relevancia o intensidad).
En ese sentido, la escuela modernista se ha encargado de hacernos partícipes de una suerte de clasismo del conocimiento, el cual, en muchos casos, sigue imperando en el discurso educativo. El conflicto aumenta al encontrarse algunos de los reproductores de esta ideología (profesores, diseñadores del currículo, académicos e investigadores) con los jóvenes nativos de la globalización, la digitalidad y de la Sociedad de la Información y el Conocimiento, sujetos que su propio saber de todos los espacios y todos los medios a los que tienen acceso. Esta tensión puede llegar a ser irreconciliable, y en algunos casos puede producir –entre otros factores– que se debilite la relevancia y la pertinencia de la educación en el imaginario de los estudiantes.
Ya antes he sostenido que uno de los cánceres más fuertes de la educación actual, es la creencia de que el ‘mejor conocimiento, el mejor saber y la forma correcta de enseñar, es aquella en la que fuimos instruidos’, pues esta ideología no solo pasa por alto el saber propio de los estudiantes y la forma en la que estos (fuera del ambiente escolar) construyen o adquieren el conocimiento, sino también sus referentes culturales, su creatividad personal, e incluso sus propios intereses.
Acompañando a este síndrome, viene el ya conocido síntoma de caricaturizar a los estudiantes como entes carentes de creatividad, imaginación e ingenio, zombis faltos de interés y motivaciones, cuando quizás somos nosotros los que producimos tales situaciones al imponerle a los jóvenes formas y modelos de pensar, de adquirir el saber y construir el conocimiento que ya no son dominantes en el mundo actual.
Tal vez sea hora de que dejemos el debate estéril sobre el saber “bueno y malo”, y explotemos las potencialidades que el conocimiento, venga de la fuente que venga, nos puede ofrecer al momento de generar saber relevante y pertinente para nuestra sociedad y sus necesidades.

* Originalmente publicado en Forbes MéxicoLuis Gregorio Sosa Grajales es Maestro en Investigación Educativa por la Universidad Iberoamericana (Ciudad de México) y académico de la Dirección de Servicios para la Formación Integral de la UIA. Desde 2009 colabora en el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE). Email: luis.sosa@uia.mx

1 de septiembre de 2013

Enseñanza tecnológica, opción para rechazados

Las carreras técnicas en México son subestimadas, aun cuando sus egresados muchas veces pueden obtener el mismo sueldo (o incluso uno superior) al de un ingeniero titulado, señaló el doctor Enrique Pieck Gochicoa, investigador del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE), de la Universidad Iberoamericana. 
Ante la falta de espacios en las aulas universitarias, anualmente son rechazados cerca de 200 mil aspirantes, por lo que es necesario fortalecer a las universidades tecnológicas como opción educativa, para con esto evitar que los jóvenes entren al mundo del empleo informal. 
A pesar de que actualmente el mercado de trabajo no está garantizado ni con maestría, dijo el experto, hoy la educación superior permanece como el nivel educativo que garantiza más movilidad social y mejoramiento de acceso, por lo que tiene la mayor tasa de retorno. 
Dijo que, si bien todos los jóvenes tienen derecho a estudiar la universidad, debe crearse la conciencia de que no todos necesitan pasar por las aulas universitarias, pues su talento puede ir encaminado a otros perfiles, dijo el investigador. 
Pieck señaló como “increíble” que desde hace 40 años, cuando se fundó la Universidad Autónoma Metropolitana, no se haya creado otra institución “fuerte” dedicada a la enseñanza superior, si bien han proliferado las universidades. 
Precisó que, con 272 instituciones de educación superior en México, 49 públicas y 223 particulares, más de la mitad de los jóvenes cursan educación superior en escuelas privadas. 

® Derechos Reservados. Originalmente publicado en Vanguardia

27 de agosto de 2013

Ensenanza tecnológica

Por Paola Cambray*

Las carreras técnicas en México son subestimadas, aun cuando sus egresados muchas veces pueden obtener el mismo sueldo (o incluso uno superior) al de un ingeniero titulado, señaló el doctor Enrique Pieck Gochicoa, investigador del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE), de la Universidad Iberoamericana.
Ante la falta de espacios en las aulas universitarias, anualmente son rechazados cerca de 200 mil aspirantes, por lo que es necesario fortalecer a las universidades tecnológicas como opción educativa, para con esto evitar que los jóvenes entren al mundo del empleo informal.
A pesar de que actualmente el mercado de trabajo no está garantizado ni con
maestría, dijo el experto, hoy la educación superior permanece como el nivel educativo que garantiza más movilidad social y mejoramiento de acceso, por lo que tiene la mayor tasa de retomo.
Dijo que, si bien todos los jóvenes tienen derecho a estudiar la universidad, debe crearse la conciencia de que no todos necesitan pasar por las aulas universitarias, pues su talento puede ir encaminado a otros perfiles, dijo el investigador.
Pieck señaló como “increíble” que desde hace 40 años, cuando se fundó la Universidad Autónoma Metropolitana, no se haya creado otra institución “fuerte” dedicada a la enseñanza superior, si bien han proliferado las universidades.
Precisó que, con 272 instituciones de educación superior en México, 49 públicas y 223 particulares, más de la mitad de los jóvenes cursan educación superior en escuelas privadas.

® Derechos Reservados. Originalmente publicado en El Universal.

31 de julio de 2013

¿Formamos buenos lectores en la universidad? Las respuestas de la RMIE

Por Pedro Flores Crespo*

Hay distintas formas de comprobar que una comunidad científica madura y se consolida. Una de ellas es el establecimiento de una revista o journal especializado en donde se publican y debaten los últimos desarrollos y avances del conocimiento en un área o campo determinado. El Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), que agrupa a más de 500 académicos de distintas universidades y centros de investigación del país, cuenta, desde 1996, con su Revista Mexicana de Investigación Educativa (RMIE).
Junto con otras revistas científicas, la RMIE se ha consolidado a lo largo del tiempo al grado de que el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) la considera como la realizadora de un “excelente trabajo editorial” y por lo tanto, la ratificó dentro del Índice de Revistas Mexicanas de Investigación Científica y Tecnológica hasta 2017. Aparte de estar en este índice, la Revista figura en la Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal (Redalyc); Scientific Electronic Library On-Line (Scielo); Catálogo de Publicaciones Seriadas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal (Latindex); Directory of Open Access Journal (Doaj); Hispanic American Periodicals Index (Hapi); International Consortium for the Advancement of Academic Publication (Icaap) y en Scopus by the Content Selection & Advisory Board (CSAB), entre otros.
En el último número de la RMIE (57) —que usted puede seguir en el Twitter @rmie o consultar gratuitamente en  www.comie.org.mx —, aparece una magnífica selección de artículos compilados por Alma Carrasco, Fátima Encinas, María Cristina Castro y Guadalupe López Bonilla sobre la escritura y la lectura académica de los estudiantes de bachillerato y de la universidad. ¿Se sabe leer y escribir lo suficientemente bien en el nivel de educación media superior y superior? ¿Por qué los estudiantes presentan dificultades para hacer una síntesis y construir argumentos? ¿Cómo se podrían convertir los jóvenes en lectores competentes? 
Este número temático de la RMIE llega en un momento muy oportuno. Los niveles post básicos van a recibir a un mayor número de jóvenes dada la composición demográfica del país y las reformas emprendidas en el bachillerato. Ante el inminente aumento de la demanda, la pregunta es si estamos preparados en la universidad y en el bachillerato para atender a más jóvenes y formarlos mejor. ¿Podremos “alfabetizar académicamente” a los jóvenes, como sugiere Paula Carlino en la RMIE? Alfabetizar a los estudiantes del nivel bachillerato y universitario significa ayudarlos a participar en “prácticas discursivas contextualizadas”. Este tipo de alfabetización, sostiene Carlino, “no puede lograrse desde una única asignatura ni en un sólo ciclo educativo […] incumben a todos los docentes a lo ancho y largo de la universidad”. 
Junto con Carlino, distintos autores analizan y discuten en la RMIE los procesos de lectura y escritura de los estudiantes y arrojan luz sobre los procesos pedagógicos e institucionales de los bachilleratos y de las universidades de México y América Latina. En este sentido, Luz Eugenia Aguilar y Gilberto Fregoso de la Universidad de Guadalajara advierten que las estrategias para apoyar la lectura de textos científicos en el posgrado son “escasas”. Por lo tanto, son los propios estudiantes quienes solos se las arreglan para construir sus estrategias al momento de interactuar con este tipo de textos. Si esto es una práctica general, no nos extrañe que, eventualmente, el grupo de postgraduados se divida de acuerdo con su nivel de competencia lectora propiciando las típicas condiciones de desigualdad dentro de la universidad mexicana.
Dar por sentado que las competencias lectora y de escritura académica existen invariablemente en los jóvenes bachilleres y universitarios es un error que podría acarrear graves consecuencias para la equidad educativa. Si en la educación básica se ha trabajado arduamente para fomentar la lectura, en el nivel de bachillerato y universitario aún hay retos que enfrentar. Esta es una lección que deja la RMIE y su número especial sobre un tema poco conocido, pero muy frecuente para los que nos dedicamos a la docencia universitaria. 
Además, construir argumentos no sólo es útil para la trayectoria académica o profesional del joven, sino también para el despliegue de sus capacidades democráticas. En este sentido, el texto de María Cristina Castro (Universidad Autónoma de Tlaxcala) y Martín Sánchez Camargo (Universidad de las Américas) adquiere gran relevancia para el debate educativo actual. Al analizar 40 ensayos escritos por jóvenes universitarios, se demuestra que (1) hay una estructura “prototípica” en este tipo de textos, (2) en ocasiones la citación no es aprovechada, (3) en lugar de la confrontación de ideas impera un tono normativo y (4) la expresión de opiniones propias es escasa. ¿No son estos hallazgos de la investigación científica dignos a tomar en cuenta en el diseño del “nuevo” ciclo de políticas en educación superior?
¿Qué tipo de universidades están realmente cumpliendo con su función de formar profesionales con la capacidad argumentativa necesaria para actuar dentro de nuestra democracia? Estamos a la espera de conocer las propuestas de política de la Subsecretaría de Educación Superior (SES) en el plan sectorial y ojalá que el tema de la escritura y lectura académica aparezcan como una propuesta central para orientar, desde la pedagogía, la equidad y el desarrollo de la educación superior de México.

* Pedro Flores Crespo es Doctor en Política por la Universidad de York, investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio

14 de marzo de 2013

TIC: Tiempo de ruptura

Por Pedro Flores Crespo y Luis Gregorio Sosa Grajales*

Al promover el uso y dominio de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en la educación, poco se reflexionó en las nuevas desigualdades que aparecerían. Para hacer frente a esta realidad, los gobiernos se dedicaron a dotar a los estudiantes de computadoras y de aulas de tecnología mientras que a los maestros se les ofrecieron un sinnúmero de cursos de capacitación para el uso de las TIC.
Este “asistencialismo tecnológico” tuvo diversos efectos. En primer lugar, la cobertura de servicios y recursos tecnológicos fue desigual y en segundo, poco se pensó en qué recursos adicionales eran necesarios para convertirse en un usuario de TIC. Una especie de “mala educación tecnológica” apareció en el escenario escolar, y contribuyó a generar nuevas problemáticas.
Quizás la más riesgosa, tomando en cuenta la cantidad de mexicanos que aún viven en la llamada Brecha Digital (30 por ciento de los jóvenes de 10 a 24 años, y más de 50 por ciento en personas de 25 a 75 años según datos de la SEP en 2011), es la resistencia de muchos profesores de integrarse al mundo digital. De acuerdo con esta institución, 52 por ciento de los profesores de educación básica en México casi nunca o nunca usan la computadora al presentar su clase; la razón de esto derivaría de que a 42 por ciento de los docentes en este nivel, “no les agrada” utilizar ni las computadoras ni el internet como auxiliar pedagógico.
A este aparente desinterés deviene una fascinación por las TIC en ciertos sectores que no ha variado desde hace un par de décadas. Durante su gira por Uruguay en enero pasado, el presidente Enrique Peña Nieto conoció el proyecto Ceibal, el cual “promueve la inclusión digital de los niños y adolescentes” de ese país. Peña Nieto no dejó dudas. A pesar de que muchos no nos explicamos qué ocurrió con el programa Enciclomedia y después con el mal logrado Habilidades Digitales para Todos (HDT), ahora se promete impulsar en México un “modelo propio con el fin de dotar de computadoras a los niños de 5º y 6º años de primaria”. Esto, se asume, será para elevar la calidad de la educación (www.presidencia.gob.mx 29/03/13).
Asumiendo que las TIC son un apoyo para el aprendizaje y el logro escolar, queremos proponer una ruptura (entendida como un cambio paradigmático) en la forma en la que se ha abordado su uso en la educación de México. Esta propuesta se sustenta en tres puntos clave.
En primer lugar, es preciso quitar al objeto tecnológico del centro del proceso educativo. El uso de las computadoras y el internet no pueden ser protagonistas de un proceso que, por esencia, debe tener a los estudiantes y a los profesores en el centro. Las TIC, por más innovadoras que sean, son sólo un medio que posibilita la mejora en los procesos de enseñanza y aprendizaje. No es el fin educativo.
En segundo término, es necesario volver al sujeto. Repensar la labor educativa desde la perspectiva de los distintos actores educativos. Esta sugerencia apunta la noción de pertinencia que tanto se ha discutido en las definiciones de calidad y que el Senado de la República agregó en el caso de la reforma. Mientras la literatura sobre uso de la TIC se centra en los nativos y migrantes digitales, nuestra propuesta es que no se deje de considerar a los marginados digitales (Sosa, 2012), los cuales pueden ir desde un niño en alguna población apartada hasta una persona de la tercera edad que paso con sus nietos —probablemente nativos digitales — largos espacios de tiempo.
En tercero y último lugar, opinamos que habrá que reflexionar, desde los espacios de decisión política, en el desarrollo de nuevo lenguaje que aquí podemos nombrar como lenguaje tecnológico. El lenguaje tecnológico (LT) es una condición clave antes de inundar a las escuelas de cables, computadoras y cursos de TIC, pues se trata de un sistema comunicativo surgido de la adquisición, la apropiación y el uso de la tecnología digital por parte de las personas; una dimensión de nuestro lenguaje que se ha desarrollado en nuestra realidad tecnológica actual.
Estamos en un tiempo en que el debate sobre la tecnología y la virtualidad son cada vez más necesarios. Las fronteras entre aquello que es real y lo que no, impulsa el desarrollo de nuevos aprendizajes. En este sentido, el LT — como cualquier otro lenguaje— quizás nos conduzca a desarrollar nuevas capacidades de pensamiento y razonamiento. “El hombre no habla porque piensa sino que piensa porque habla”, diría Octavio Paz.


* Pedro Flores Crespo es Doctor en Política por la Universidad de York, investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Luis Gregorio Sosa Grajales es Maestro en Investigación Educativa (Universidad Iberoamericana Ciudad de México) y colaborador del INIDE desde 2009: luis.sosa@uia.mx
Originalmente publicado en Campus Milenio. Foto: ADN Político.

5 de febrero de 2013

"Transmitir conocimientos ya no tiene sentido": Especialistas

Por Hector Rojas*
En la era digital, transmitir conocimientos ya no tiene sentido, aseguró la investigadora de la Universidad Iberoamericana (UIA), Sylvia Schmelkes, de manera que la labor del maestro ahora se hace más compleja, pues su tarea tiene que ver con una selección fina de contenidos así como con entusiasmar a sus alumnos con el aprendizaje a lo largo de la vida.
El conocimiento, al estar almacenado en la Internet y tener acceso a él en cualquier parte, hace que se democratice el saber; por ello, en los docentes está la oportunidad de transformar un entorno adverso, al guiar a los alumnos como promotores del cambio, agregó Schmelkes en la mesa de análisis y cierre del Encuentro Internacional de Educación.
“El conocimiento es lo que nos permite conocer el mundo y al mismo tiempo construir nuevos saberes”, afirmó la académica de la UIA. Agregó que en esta era digital si bien el conocimiento se construye con mayor celeridad, también caduca más rápido.
Por lo anterior, constituye un reto ético el diseño de un currículo, por ejemplo, los saberes con respecto al ADN, tardaron 20 años en incluirse en la educación básica de México.
En este contexto, los valores de convivencia deben ser fundamentales para incluir la justicia y la equidad como fundamento del sistema educativo, así como la reflexión individual y colectiva entre los alumnos, compartió Schmelkes.
En su oportunidad, la investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Claudia Santizo, acotó que los maestros desempeñan tres funciones básicas en el sistema educativo:
1) Su participación en el consejo técnico, donde los educadores de nuestro país se reúnen una vez al mes para resolver problemas de la escuela.
2) Su rol de maestro frente a grupo.
3) Su colaboración con los padres de familia, el cual debe ser más activo al contemplar que la escolaridad de los padres influye en la potencialidad de aprendizaje de los alumnos.
En las escuelas particulares, por ejemplo, la escolaridad promedio de los padres de familia es de nueve años, en contraste la escolaridad de las escuelas rurales, que es de cuatro años de escolaridad, señaló Santizo.
La académica resaltó la diferencia en la inversión por alumno; en las escuelas particulares, por ejemplo se invierten 5 mil dólares por año, mientras en las escuelas públicas de México, la inversión es poco mayor a mil dólares por año, en contraste con las escuelas estadounidenses que invierten 10 mil dólares por alumno al año.
En esta mesa de análisis, el escritor Pablo Boullosa consideró que el dinero implicado en la educación, a veces constituye parte del problema, en lugar de ser parte de las soluciones a los retos educativos.
En su intervención, Boullosa, destacó tres dimensiones fundamentales del ser docente: La primera, la espiritual, por lo que comparó a los docentes con los sacerdotes, pues los procesos educativos emanan de una búsqueda de la verdad para que el hombre acceda a la eternidad.
En este sentido, a pesar de la laicidad en la educación, consideró a los maestros como “profesionales de la esperanza”, pues su trabajo se basa en la fe a que la realidad pueda mejorar.
En una segunda dimensión, el director del proyecto sigoaprendiendo.org, planteó como sustancial la dimensión “emocional”, por lo cual comparó a los maestros con artistas, en especial, con los poetas, pues es el entusiasmo de los maestros lo que puede generar los enigmas de aprendizaje, y despertar en los alumnos el hambre por el conocimiento.
Además, los maestros como los poetas se asemejan en el sentido que su trabajo “es poco reconocido y esta mal pagado”, dijo en tono irónico Boullosa.
Finalmente, el conductor del programa “La Dichosa Palabra” destacó la dimensión científica, pues los maestros deberían implicarse en los procesos científicos que le atañen a los procesos cognitivos relacionados con el aprendizaje. Estas tres dimensiones no se contraponen, más bien, se soportan unas a las otras, concluyó Boullosa.
Los tres especialistas participaron en el segundo y último día de actividades del Encuentro Internacional de Educación organizado por Fundación Telefónica, Educación a Debate, la UNAM y Alianzas Educativas.

* Derechos Reservados. Originalmente publicado en Educación a Debate.
Sylvia Schmelkes del Valle es Socióloga y Maestra en Investigación Educativa (Universidad Iberoamericana - Ciudad de México) Actualmente es Directora del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación de la UIA.

11 de octubre de 2012

La educación superior tecnológica en América Latina

Por Pedro Flores Crespo*
El Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación (IIPE) de la UNESCO organizó el pasado 3 y 4 de octubre un seminario regional para discutir las tendencias sobre la educación superior tecnológica (EST) y proponer alternativas de acción. El elemento “disparador” del encuentro fue el conjunto de resultados de tres investigaciones auspiciadas por el IIPE sobre la forma en cómo se organiza y ofrece la EST en México, Colombia y Brasil . Asimismo, se puso énfasis en dos elementos más de análisis: La equidad y la inserción al mercado laboral de los egresados universitarios. Dada la interesante discusión ahí registrada, pongo a consideración de los lectores de Campus los siguientes tres puntos.
Por qué estudiar la educación tecnológica
El tema de la EST en México es central por dos razones primordiales. Primero, desde la década de los noventa, la expansión de la cobertura ha tratado de ampliarse por medio de la educación de tipo tecnológico. El número de universidades tecnológicas (UT), así como el de institutos tecnológicos (IT) y el de las universidades politécnicas (UP) han crecido exponencialmente. Mientras en 2001 sólo había una UP, ahora se reportan 51 de estas instituciones (Sexto Informe de Gobierno). Las UT también se han expandido notablemente a lo largo y ancho del país. Mientras en 1991 había sólo tres UT, para el ciclo escolar 2010-2011, ya se contabilizaban 104. Entonces, desde la década de los noventa, la apuesta ha sido ampliar la cobertura por medio de la creación de opciones de educación de corte tecnológico. ¿Seguirá el nuevo gobierno (2013-2018) optando por esta vía de expansión o imaginará un camino distinto? ¿Qué evidencia sustentará su política de cobertura con calidad en la educación superior? Habrá que tomar en cuenta que aun cuando la matrícula en las universidades tecnológicas ha crecido positivamente, el nivel de Técnico Superior Universitario (TSU) representa sólo tres por ciento de la matrícula total de educación superior y lo más interesante es que tal porcentaje no ha variado significativamente a través del tiempo.
En segundo lugar, la EST debería ser un tema de constante debate público debido a la forma en cómo los modelos pedagógicos y curriculares de este tipo de educación están formando a los jóvenes de México. Aunque no existen datos confiables y generales sobre la calidad de la educación superior tecnológica, los resultados de logro académico de los niveles previos generan señales de alarma. En junio de esta año escribía que de acuerdo con datos del Informe 2010-2011 del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), “el bachillerato tecnológico y el Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica (Conalep) registran las proporciones de jóvenes más bajas en el nivel de desempeño máximo en las áreas de lectura, matemáticas, ciencias y formación ciudadana en comparación con el bachillerato general y el promedio nacional”.
“Lo más interesante de estos resultados es que el INEE asegura que aunque existen algunas diferencias contextuales entre los estudiantes de los diferentes modelos de bachillerato, éstas no son tan pronunciadas como para dar ventaja o desventaja a los estudiantes de un modelo en particular. En otras palabras, el contexto social en el bachillerato no pesa tanto como el modelo educativo para explicar las diferencias en términos de logro escolar” (Campus 467). Entonces, parece que formar bajo un modelo técnico o tecnológico en el bachillerato puede ser una fórmula limitada para cultivar competencias básicas tales como la formación de ciudadanía, comprensión lectora, ciencias o matemáticas. ¿Qué cambios a nivel curricular y de práctica docente requieren introducirse en los bachilleratos tecnológicos de México? ¿Ha pensado en ello el equipo de transición del nuevo gobierno?
Cuatro lecciones internacionales
Cualquier juicio sobre el funcionamiento (y efectividad) de la educación es limitado si no se tiene un referente comparativo. Por ello, el seminario del IIPE resultó de gran interés no sólo para los países que participaron en el estudio (México, Colombia y Brasil), sino para aquellos países que discuten y promueven este tipo de educación como Argentina, Perú y Chile. A continuación, se describen cuatro observaciones derivadas del seminario, el cual fue realizado en la multicultural ciudad de Buenos Aires, Argentina.
Primero. Uno de los puntos que más llamó la atención en esta reunión fue la denominación crecientemente elusiva y vaga de lo “tecnológico”, que en algunas ocasiones se equipara con “técnico, vocacional, no universitario o profesional”. Aunque no se entró a fondo en el debate conceptual, sí se puede decir que el punto de identidad de la EST demanda una mayor clarificación tanto por los gobiernos nacionales como por las agencias educativas de cooperación internacional. ¿De qué hablamos cuando promovemos la educación tecnológica? ¿De cursos enfocados a la práctica más que a la teoría? Si en verdad existiese esta división, ¿sería éste el mejor enfoque para formar integralmente a los jóvenes del siglo veintiuno?
El segundo punto es la creciente demanda por la educación universitaria y en esto, algo tiene que ver el movimiento estudiantil de Chile, así como el movimiento de jóvenes mexicanos que recientemente protestaron por no tener la oportunidad de entrar a las universidades públicas más reconocidas de la capital como la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México). La agitación política es entonces una fuerza creciente detrás de la demanda por mayor educación superior y aquí vamos a ver cómo los gobiernos nacionales responden a las expectativas de la sociedad. ¿Es la educación superior tecnológica la mejor salida a esta razonada demanda? ¿Bajo qué supuestos? ¿Es la racionalidad del gobierno compatible con la de los jóvenes y sus familias que aspiran a tener mayores oportunidades de estudio y realización personal?
La tercera lección derivada del seminario fue que el desarrollo de la educación superior tecnológica (sea en el nivel de licenciatura, ingeniería o en el de TSU) responde a historias particulares de cada país. Mientras que en México el boom de este tipo de educación se origina bajo la creencia de escolarizar la “mano de obra” para modernizar económicamente al país; en Brasil y en Colombia el desarrollo de la EST puede verse como un largo proceso histórico que deriva en un “corrimiento hacia lo académico” de cursos de capacitación e instrucción práctica. Es en este punto en donde, a mi juicio, se puede formular una buena pregunta para discutir el futuro de la EST en México. ¿Debemos escolarizar cualquier forma de aprendizaje o podemos acercar el conocimiento al joven de manera más flexible y pertinente? Uno de los hallazgos más importantes del caso de México (que incluyó cinco instituciones de educación superior tecnológica) fue la acentuada escolarización de los procesos de aprendizaje. El estudio en esas IES fue extremadamente intensivo y la pregunta aquí es, ¿con un tiempo de estudio tan amplio la/el joven de los estratos más desfavorecidos logra adquirir las habilidades y conocimientos para poder desempeñarse libre y responsablemente en las sociedades actuales? ¿Seguirá el nuevo gobierno promoviendo modelos curriculares que hacen gala del “culto a la escolaridad” o sabrá cómo, desde la pedagogía moderna, crear opciones de estudio que sirvan para combinar el pensamiento, inteligencia y sensibilidad de los jóvenes con las destrezas requeridas en el mercado laboral? El reto educativo no es menor.
Cuarta y última lección. El seminario también hizo énfasis en la necesidad de contar con información confiable sobre el desempeño de las opciones de EST. Chile, por ejemplo, mostró datos relevantes sobre la rentabilidad de las opciones tecnológicas en comparación con las modalidades “universitarias”. Hasta donde se sabe, en México, este tipo de información no es común, aunque debemos reconocer que en el caso de las UT se ha tratado de construir sistemas de información que pueden dar cuenta del desempeño de esos dos subsistemas de educación superior. La construcción de información es uno de los resultados más sobresalientes del proyecto del IIPE, ya que se pudieron hacer unas primeras comparaciones entre opciones educativas y derivar hipótesis para análisis futuros. En este sentido, se detectó que en México los TSU presentan mayor movilidad laboral que los ingenieros o licenciados.
Futuros
La discusión sobre el futuro de la EST rebasa lo que ocurre dentro de los subsistemas ya conocidos (UT, UP y IT). Me parece que para poder apuntalar los que hacen esas instituciones tendríamos que “subir” la discusión a dos planos. El primero es cómo acercar el conocimiento de manera más flexible y pertinente a los jóvenes que enfrentan mayores desventajas sociales y económicas. La opción escolarizada no parece ser la única fórmula o lo más efectiva. Ya Brasil puso el ejemplo de ofrecer cursos no formales que pueden operar dentro del sistema de educación superior tecnológica y que se organizaron de acuerdo con la demanda real de las personas. El segundo plano sería examinar qué campos del conocimiento y qué ocupaciones demandan un ambiente escolarizado y cuáles están cambiando al grado de no requerir instrucción formal. ¿Se podría formar un profesional en turismo ecológico, por ejemplo, fuera de la universidad? En este proceso de conversión del conocimiento y de la escolarización, las discusiones sobre certificación, otorgamiento de grados, estatus, elección escolar y recompensa laboral no deben abandonarse o menospreciarse. Esperemos que la Secretaría de Educación Pública impulse este tipo de debates, pues no olvidemos que tiene el reto actual de convertirse en el ministerio del pensamiento y de la eficiencia gubernamental.

*Doctor en Política por la Universidad de York, es investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA). E-mail: pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo
Originalmente publicado en Campus Milenio.

17 de abril de 2012

Los Memes de Internet: ¿quién dijo que no hay creatividad juvenil?

Por Luis Gregorio Sosa Grajales*

No soy el tipo de persona que cree que la escuela enajena, corta las capacidades de los individuos o limita sus posibilidades creativas. Lo que sí creo, y fuertemente, es que los centros escolares llegan muy tarde cuando se trata de explotar la imaginación, los recursos y la creatividad de ciertas generaciones de estudiantes. Aún seguimos padeciendo eso, y la relación de los jóvenes con los Memes de Internet son un claro ejemplo hoy en día.
En términos simples: un meme es una idea propagada por la red (en forma de imagen, video, frases, hashtags, etc.) cuyo éxito o popularidad la lleva a ser distribuida por los diversos canales que integran al sistema (desde las redes sociales hasta blogs o correos electrónicos). Los memes son la base de la cultura viral de Internet y muchas veces hemos tenido acceso a ellos sin quizás darnos cuenta: desde el clip de la caída de Edgar (hace ya un par de años) hasta los Rage Comics, pasando por Benshorts o recientemente, con el video de Hitler enfadado por las pifias de Peña Nieto en la FIL de Guadalajara.
Y es que si bien el origen y desarrollo de los memes ha estado vinculado a franquicias comerciales y al marketing contemporáneo, son jóvenes (entre 13 y 24 años principalmente) los productores de más de 3/4 partes de estos en el mundo. Es decir: hay mucha capacidad creativa dedicada a este fenómeno, hecho que contradice la idea (ampliamente aceptada y actualmente muy expandida) que caracteriza a la juventud contemporánea como entes pasivo-estatistas, ausentes de talento y creatividad definida: ¿no es esta una forma de producción de cultura y expresión creativa? Al parecer no para muchos, y si volteamos la vista al caso de las escuelas, el tema se agudiza: ¿o acaso ha visto usted un meme utilizándose en algún centro escolar?, ¿o mínimo cuándo fue la última vez que vio que alguna de esas capacidades creativas de los jóvenes sea al cien por ciento explotada por los maestros en el aula? La respuesta es más simple de lo que pensamos.
Muchos aún creen que la mejor forma de enseñar es aquella en la que fueron instruidos, sin darse cuenta que las generaciones cambian y que estar vinculados con aquello que los jóvenes hacen y piensan es menos negativo de lo que imaginaron. Estamos tan acostumbrados a identificar el déficit, que fácilmente perdemos de vista lo que realmente tenemos.  Profesor (o padre de familia): pregúntele a sus estudiantes (o hijos) sobre los memes, y que tanto consideran que la creatividad que se dedica a los mismos puede ser reorientada o explotada en algunas de sus clases, labores o actividades. La respuesta puede ser más sorprendente de lo que imaginaron, pues la revolución digital no transformó a los jóvenes en zombis o en aislados irreflexivos carentes de pensamiento. No. Sencillamente movió sus espacios de interés a otro lado… Ese otro lado digital al que todos algún día todos tendrán que migrar.
 
* Luis Gregorio Sosa Grajales es maestro en Investigación Educativa por la Universidad Iberoamericana (Ciudad de México). Colabora desde hace tres años en el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE) de la Ibero. luis.sosa@uia.mx

28 de febrero de 2012

Educación y tecnología: Deberíamos utilizar las tecnologías de información y comunicación de una manera más amplia y eficaz, para mejorar los aprendizajes

Por Carlos Muñoz Izquierdo*

Las relaciones que existen entre la educación y la tecnología son recíprocas. La primera tiene a su cargo, por un lado, la formación académica de quienes desarrollan los conocimientos que son necesarios para asegurar el avance tecnológico. También tiene a su cargo la formación de una fuerza de trabajo que reúna los conocimientos, habilidades y actitudes que son indispensables para utilizar eficazmente las aportaciones del avance mencionado.
A su vez, la tecnología puede aportar a la educación los instrumentos que son necesarios para modernizar los procesos de enseñanza-aprendizaje. Así se puede lograr que la educación deje de ser, gradualmente, una actividad intensiva de mano de obra.

Contribución de la educación al desarrollo tecnológico
Durante el siglo pasado se desarrolló la teoría de la “funcionalidad técnica de la educación” (Solow, R: 1956, 1957); la cual se propuso determinar la contribución que hace la escolaridad al crecimiento del producto interno bruto de los diferentes países.
En su versión original, esta teoría proponía que el cambio tecnológico (en cuya gestación interviene el desarrollo científico y, por ende, la educación de quienes lo generan) es un factor que interviene de manera exógena en el crecimiento económico. En otras palabras, atribuía al cambio tecnológico la proporción del crecimiento económico que no podía ser explicada por las aportaciones de otros factores, como el capital físico y el trabajo.
Investigaciones más recientes (Hanushek et al.: 2000, 2008) han demostrado que no son las dosis de educación formal que adquirieron los científicos y demás integrantes de la fuerza de trabajo, las que explican —por sí mismas— las diferencias observadas entre la productividad de los países. En realidad, tales diferencias son generadas por la calidad de la educación que recibieron los diversos integrantes de la fuerza de trabajo.
La validez de esta nueva formulación de dicha teoría también ha sido comprobada en nuestro país, en donde se ha demostrado, entre otras cosas, que quienes reciben una educación de buena calidad, aun en localidades que tienen altos índices de pobreza, elevan notablemente sus expectativas educacionales y laborales (Muñoz, C. y C. Solórzano: 2007).
De esto se desprende la urgente necesidad de mejorar, mediante una distribución más racional de los recursos asignados al sector educativo, los insatisfactorios resultados que han arrojado las pruebas de rendimiento escolar que son regularmente aplicadas a los alumnos inscritos en nuestras escuelas.

Contribución del desarrollo tecnológico a la educación
Sin duda, el desarrollo tecnológico se ha manifestado con mayor fuerza en el florecimiento de las llamadas tecnologías de información y comunicación (TIC), las cuales han incidido en los procesos pedagógicos por dos vertientes distintas: el desarrollo del software educativo, y los proyectos telemáticos (o de educación a distancia).
Desde luego, la utilidad pedagógica del software educativo y de los proyectos de educación a distancia está determinada por las características y el uso que se haga de esos instrumentos, y por su adecuación a los distintos contextos. El cumplimiento de estas condiciones exige, a su vez, disponer de un profesorado que sea capaz de dominar determinadas competencias, como la de usar ambientes de enseñanza individualizados y cooperativos; la de hacer aplicaciones curriculares relevantes; la de utilizar las herramientas de la Web para acceder a la información; la de reflexionar críticamente sobre la práctica profesional, y la de evaluar la calidad de los aprendizajes. (García Varcárcel: 2009).
Como lo han señalado varios autores, las TIC pueden desempeñar distintas funciones pedagógicas (García-Varcárcel: op. cit.). Sin embargo, consideramos que es más importante la repercusión que ellas pueden tener en el ensanchamiento —o la reducción, en su caso— de las desigualdades sociales. Esto depende del uso que se haga de dichas tecnologías y de los sectores de la sociedad que tengan acceso a las mismas.
En relación con las desigualdades sociales, es importante mencionar que las TIC —además de permitir la ampliación de la cobertura del sistema educativo hacia localidades alejada de las escuelas, y así estar al alcance de públicos más numerosos y diversificados— pueden ser de extrema utilidad para mejorar la calidad de los aprendizajes de los estudiantes, incluyendo los de aquellos que se encuentran en situación de pobreza. También pueden contribuir a acelerar los aprendizajes de las personas superdotadas.
Ambos efectos han sido demostrados por varios autores, como D. Bloom (1976), quien diseñó el sistema de educación individualizada que se conoce con el nombre de “mastery-learning”1. De lo anterior se desprende que deberíamos utilizar las TIC de una manera más amplia y eficaz, para mejorar los aprendizajes de los estudiantes que se encuentran en condiciones socioeconómicamente precarias; disponer de la fuerza de trabajo calificada que es indispensable para impulsar el crecimiento de nuestra economía, y desarrollar el talento de quienes podrán contribuir con sus conocimientos al avance del desarrollo tecnológico del país.


 1 Una descripción de varios proyectos destinados a prevenir y combatir la desigualdad social se encuentra en Martín-Laborde, R. (2005).


Referencias
  • Bloom, D. (1976) Human Characteristics and School Learning, New York: McGraw Hill.
  • García Varcárcel, A. (2010) “Estrategias para una innovación educativa mediante el empleo de las TIC”. Revista Latinoamericana de Tecnología Educativa (v. 2, n. 1) 20031-10.
  • Hanushek. E. and D. Kimko (2000), “Schooling, Labor Force Quality, and the Growth of Nations”, American Economic Review, 90(5), December 2000, pp. 1184-1208.
  • Hanushek. E. and L. Woessmann, (2008) “The Role of Cognitive Skills in Economic Development”, Journal of Economic Literature, 46(3), September.
  • Martín-Laborde, R (2005), Las nuevas tecnologías en la educación. Madrid: Fundación AUNA, Cuadernos/Sociedad de la Información.
  • Muñoz, C. y C. Solórzano (2007). “Explorando la relevancia de la enseñanza secundaria en condiciones de pobreza. Un estudio de caso”. En Perfiles Educativos. Vol. XXIX, 116.
  • Solow, R. (1956) “A Contribution to the Theory of Economic Growth”, Quarterly Journal of Economics: 70: 65-94.
  • Solow, R. (1957) “Technical Change and the Aggregate Production Function”, Review of Economics and Statistics: 39: 312-20.

* Licenciado en Economía por el ITAM y doctor en Educación y Desarrollo Internacional por la Universidad de Stanford, Estados Unidos. Ha sido profesor de la UNAM, el Instituto Politécnico Nacional y la Universidad de Harvard. Es investigador emérito y fundador del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.
Originalmente publicado en IBERO Revista de la Universidad Iberoamericana, No. 18 Feb-Mar 2012

17 de febrero de 2012

Balcanizando la red: El riesgo de las nuevas leyes anti-Internet

Por Luis Gregorio Sosa Grajales*

El pasado 18 de enero asistimos a una protesta sin precedentes alrededor del mundo. Los usuarios de internet levantaron la voz y se opusieron al proyecto de ley SOPA (Stop Online Piracy Act) que   se buscaba aprobar en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. Fue tanta la presión en la red (desde el apagón de Wikipedia hasta los millones de tweets y status en Facebook dedicados al tema) que la impopular minuta, junto con su hermana gemela PIPA (Protect IP Act), se tuvo que poner en el congelador. El principal promotor de esta propuesta, Lamar S. Smith, señaló que la ley sería revisada, y muchos de los grupos y empresas que la apoyaban tomaron pronta distancia. El poder social de la red se dejó sentir nuevamente; sin embargo, la pregunta que queda en el aire es cuánto tiempo más durará esto.

Y es que el florecimiento repentino de propuestas de ley que buscan la protección de contenidos con derechos de autor y el combate frontal a la piratería en diversos países del orbe, pareciera enfocarse más a limitar las capacidades de la red para la libre expresión de las ideas. De allí emana tanto la sospecha, como el peligro: ¿qué hay detrás de estas leyes, quiénes se beneficiarían de ellas y, sobre todo, cómo nos afectaría que proyectos como SOPA o PIPA sean aprobadas en un futuro cercano?

Las leyes anti-Internet: ¿quién gana y qué perdemos todos?
Durante el año pasado quedó demostrado (sobre todo vía las redes sociales) el poder social y   político que se puede gestar en Internet: la Primavera del Jazmín, los indignados, los movimientos Occupy, el uso señalativo de Twitter… El mundo presenció el nacimiento de la consciencia social en la red, la metamorfosis del mayor escenario de entretenimiento del orbe al foro de expresión libre más grande y significativo de la historia.
Era sólo cuestión de tiempo antes de que cualquiera con poder viera en esto la gran amenaza. No aquella que viene disfrazada de terroristas árabes, economías asiáticas, inmigrantes invasores o narcotraficantes sanguinarios: más bien un peligro que es más realista y peligroso, y que en algunos casos usa solamente una laptop, una máscara de Guy Fawkes y una conexión WiFi. La libertad de expresión verdadera.
Y es que no se necesita ser un Mubarak o un Gadafi para darse cuenta de la amenaza que conlleva que los ciudadanos se expresen con entera libertad en la red. Basta y sobra con que seas Javier Duarte, y gobiernes Veracruz, para que busques espacios vacíos en la ley que te permitan balcanizar a Internet como foro de expresión, arremetiendo de paso contra todo aquel que represente un potencial peligro. Aunque, claro, desde un presunto marco legal.
Porque es allí donde radica el primer gran peligro de que se limite la red por medio de leyes que rayan en el absurdo absoluto: se pierde el espacio de expresión más libre que ha existido, todo ello bajo el argumento que enviarás ilegalmente una copia de The Dark Knight Rises a tus amigos en unos meses, o de que pondrás como fondo una canción de Arcade Fire en el video de tu cumpleaños, y que eso dejará en la bancarrota a los nobles artistas y a las siempre desinteresadas compañías que les financian. Nada es más ridículo ni más falso que eso.
El otro gran peligro viene de la mano del primero, y como si se tratara de un Big Brother orwelliano, toca los límites de lo grotesco: como muchos saben, una de las tantas (y francamente disparatadas) medidas se pudieron llevar a cabo si la SOPA o la PIPA se hubiesen aprobado hace algunos días, incluía el cierre de cuentas de correo, transferencia de archivos e información (tal es el caso de Dropbox) y el bloqueo del servicio de Internet por parte de los proveedores a particulares, en caso de encontrarse anomalías recurrentes, tales como el intercambio de material o datos protegidos, violaciones a derechos de autor, y todo aquello que no dejara una ganancia a los grandes conglomerados de tecno-entretenimiento americanos, como Disney, Apple o Warner.
Para lograr este siniestro objetivo, se llevaría a cabo un monitoreo preventivo permanente en la red por parte de las autoridades estadounidenses; monitoreo que no sólo representaba una flagrante violación a todos los derechos personales y de privacidad en línea, sino un espionaje franco e indiscriminado contra cada usuario de Internet. Era mantenernos siempre vigilados, puesto que mañana podríamos cometer el gran delito de descargar la nueva canción de Lady Gaga.
Y es que en el fondo, más que cazar a jóvenes que estuvieran compartiendo el último hit de The Strokes por medio de Megaupload o desarrollando el nuevo Jailbreak del iPhone, todo indica que ciertos intereses particulares se estaban previniendo contra una Primavera Árabe en Nueva York, o contra más chavos en las filas de Anonymous. Porque no olvidemos que Wikileaks tuvo lugar en la red, ni que en Twitter y Facebook muchos denuncian las incontables masacres que tienen lugar día a día en nuestro país, tanto por parte del crimen organizado como de las fuerzas armadas.
Es allí donde todo se ajusta: la idea de la libre expresión en Internet claramente le desagrada a más de un gobierno y a sus representantes, y ante ello, no hay nada mejor que trasladar el concepto bushiano de “guerra preventiva” a la red, utilizando las leyes para afectar tanto a los usuarios como al espacio donde éstos conviven. Tenga lugar esto en Estados Unidos o en México, Internet está en casi todos lados: la World War Web la pelearán los gobiernos contra los usuarios. Pues, como diría Maquiavelo, más que acabar con un viejo amigo, tratarán de matar a un nuevo enemigo.

Internet: espacio cultural y arena política
La historia todos la conocemos y la protagonizamos día con día. Internet es la herramienta comunicativa más dinámica de la historia, y con el tiempo se ha vuelto a tal grado parte de nuestra cotidianeidad, que muchos sencillamente ya no imaginan su vida sin ella. Porque Internet dejó de ser únicamente un espacio para acceder e intercambiar información, datos y contenidos diversos, y se ha vuelto un foro abierto, escenario virtual dinámico donde lo social se ha transferido a un grado insospechado. Y es que, con el paso
de los años, hemos empoderado a Internet como espacio cultural y arena política, a tal grado que muchos sencillamente ya no se sienten cómodos con la idea de que se gesten y reproduzcan ideas nuevas o revolucionarias en un espacio virtual que no pueden controlar.
Ante esto, los ataques desde contextos cercanos ya se han dejado sentir: crear nuevos impuestos al servicio, monitorear las actividades digitales de la población, censurar expresiones contrarias a gobiernos en turno bajo el previsible y ridículo argumento de terrorismo, y otros nuevos, como la ley Döring, se encuentran en el tintero. Sin embargo, todas ellos (incluidos la SOPA y la PIPA) han cedido ante un enemigo claro y común: nosotros, vía el ciberactivismo.
Internet, como escenario es (contrario a la televisión dominada por intereses de unos pocos), arena activa del pensamiento, la reflexión y la expresión de las ideas libres de todos. Y es claro que más de uno le tiene miedo a las ideas libres de la gran colectividad mundial.


*Lic. en Pedagogía por la Universidad Veracruzana y maestro en Investigación Educativa por la Universidad Iberoamericana (Ciudad de México). Colabora desde hace tres años en el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE) de la Ibero. luis.sosa@uia.mx 
Originalmente publicado en IBERO Revista de la Universidad Iberoamericana, No. 18 Feb-Mar 2012

18 de enero de 2012

¡SOPAS! La nueva ley anti-internet nos afecta a todos

Por Luis Gregorio Sosa Grajales*

La Stop Online Piracy Act (SOPA) dista de ser una ley aislada que solo afecta cierto país o un sector determinado de la población en la red: compromete seriamente la naturaleza libre de Internet, y de aprobarse, es probable que la red como la conocemos no vuelva ser la misma.

Muchos estamos al pendiente de los peligros que emanan de este tipo de leyes que comienzan a aprobarse en todo el mundo, sin embargo, poco nos hemos detenido a pensar como, digamos en el mundo de la educación, podría afectarnos esta ley (o cualquier otra que se encuentre en el tintero) si es aprobada.
Pensemos en dos casos inmediatos: de entrar en vigor la ley SOPA, los proveedores de internet estarán forzados a espiar e-mails en búsqueda de enlaces y material no autorizado (lo cual representa espionaje directo y perdida selectiva de la privacidad); de cometerse violaciones, las cuentas de correo podrían ser bloqueadas, y los usuarios sospechosos podrían ser censurados. Imagina un ensayo que no haya citado un autor o que incluya enlaces “inapropiados”: adiós a la cuenta de correo del estudiante y del profesor que reciba este producto.
En las comunidades online (esas redes sociales colaborativas a las que casi todos pertenecemos) la ley es aún peor: la información se censurará si viola o hace uso indebido de propiedad intelectual, lo que implica no solo un monitoreo preventivo permanente en la red, sino la censura franca contra la expresión y las ideas. Con esto, Internet 2.0 y redes sociales como YouTube y Twitter dejarían de ser las mismas; muchos blogs desaparecerían, al igual que Wikipedia. A ese nivel.
SOPA quizás representa la primera de muchas leyes absurdas por venir que buscarán la censura y el bloqueo de la libertad a la información y expresión en internet. Gobiernos e intereses económicos tratan de trasladar el concepto bushiano de “guerra preventiva” a la red,  balcanizando este espacio virtual con la intención de evitar nuevos Julian Assange, nuevos Anonymous o quizás que la siguiente Primavera del Jazmín tenga lugar en Washington D.C o Nueva York. Nosotros por nuestra parte, no debemos ser pasivos frente a estos intentos de abuso a los derechos personales en la red. Internet representa quizás uno de los últimos espacios verdaderamente libres en el mundo actual, no lo perdamos. Ingresa a alguno los sitios dedicados a protestar contra la SOPA, y no dejemos al Big Brother orwelliano ganar: americancensorship.org


Luis Gregorio Sosa Grajales es Maestro en Investigación Educativa por la Universidad Iberoamericana (Ciudad de México). Colabora desde hace cuatro años en el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE) de la Ibero. Email: luis.sosa@uia.mx

Originalmente publicado en Publimetro.

14 de marzo de 2011

El Lenguaje Tecnológico, por Luis Gregorio Sosa Grajales*


El lenguaje no es solo un conjunto de códigos articulados que permiten a las personas comunicarse. En un sentido más amplio, es un fenómeno humano complejo y diverso. Es la estructura fundamental que determina la esencia y la conducta del hombre en sociedad.
El lenguaje es el conducto primario con el que compartimos vivencias emocionales o estéticas que nos dan espacio y ubicuidad: no es unitario ni universalista, responde a la condición humana, dándole la cualidad de ser lineal o multidimensional, concreto o etéreo. Es el instrumento para comunicarnos, informarnos y conocer la realidad.
No existe un lenguaje único. Nuestra realidad actual, signada por la pluralidad y la diversidad, ofrece espacio para que convivan múltiples lenguajes, sea de manera armónica (de forma complementaria) o en constante pugna (motivada por el poder y la búsqueda de la legitimidad entre ellos).
Como expongo en mi investigación: El lenguaje tecnológico: el caso de los docentes del Diplomado INIDE/UIA en Acapulco, Gro.”, uno de los lenguajes que domina nuestra realidad, dadas las fuertes transformaciones producidas por las TIC, es el Lenguaje Tecnológico (LT de aquí en adelante).
El LT es un lenguaje de tipo formal e instrumental, producto del consumo de tecnología. Las personas se apropian de él en la medida que incorporan las TIC en sus vidas. Mientras más ‘conectado’ esté el sujeto con la tecnología, mayor será su dominio del LT; no extraña que los jóvenes (los llamados Nativos Digitales) sean quienes lo dominan con mayor precisión.
El LT no está escrito en ninguna lengua, su naturaleza es etérea. No obstante, conserva la esencia innata del resto de los lenguajes para construir y consolidar discursos, que combinados a escenarios socio-históricos, institucionales y marcos o modalidades de poder, permiten la generación e instauración de identidades.
En este marco, resulta importante comprender el impacto que el dominio del LT produce en la vida de las personas. Si bien el antes señalado estudio se centró en quién por factores diversos, no posee las condiciones de acceso o uso de la tecnología, este tópico es campo fértil para investigaciones e intervenciones diversas, esto con el fin de buscar la nivelación del terreno para todos en una sociedad cada vez más ‘conectada’ a lo tecnológico.

*Asistente de investigación, Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE). Maestrante en Investigación Educativa (UIA/Santa Fe). Lic. en Pedagogía (UV).
Originalmente publicado en Publimetro.