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29 de noviembre de 2013

El COMIE hoy y de cómo la forma no es fondo

Por Pedro Flores Crespo*

El Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE) acaba de concluir su décimo segundo congreso nacional, al que asistieron casi 3,000 participantes. De acuerdo con las autoridades universitarias de Guanajuato, nunca se había registrado un congreso académico de tal magnitud en esa ciudad.
Con visión e independencia, diversos académicos fundaron el COMIE hace 20 años como una Asociación Civil cuyo objetivo primordial es “conjuntar acciones e intereses comunes de los investigadores en el área educativa, con el fin de fomentar la investigación de calidad que incida en las prácticas y políticas de la investigación educativa”. Es, por lo tanto, una organización esencialmente académica e interinstitucional. Actualmente, aglutina a 439 investigadores de 88 instituciones entre públicas y privadas.

Investigación educativa en movimiento
El XII Congreso Nacional de Investigación Educativa (XIICNIE) fue testigo de varios hechos que merecen ser resaltados y comentados. En primer lugar, especialistas, maestros, estudiantes, normalistas y representantes de diversas organizaciones civiles y gubernamentales ratificaron al congreso del COMIE como un amplio espacio de diálogo sobre la problemática educativa del país. Se recibieron 2,438 trabajos entre ponencias, presentaciones de libro, carteles, propuestas de taller y proyectos para el Encuentro de Estudiantes de Posgrado (ENEPE). De este total, se aceptaron 1,399, es decir, se tuvo una tasa de aceptación de 57 por ciento.
En segundo lugar, el 12º CNIE presentó una estructura distinta a la tradicional. Primeramente, se fijó un tema central para el congreso: “Aportes y Reflexiones de la Investigación para la Equidad y la Mejora Educativas”. Luego, se organizaron los trabajos dentro de siete grandes áreas (Sistema Educativo Nacional, Educación Inicial y Básica, Educación Media Superior, Educación Superior, Posgrado, Educación Continua y Otras Alfabetizaciones y Educación en Espacios No Escolares). Con esta estructura y, a partir de una sistemática revisión de los resúmenes de las 1,027 ponencias, fue posible saber que cuatro de cada diez ponencias se concentraron en el área de Educación Superior por un lado, y por otro lado, que hubo un bajo porcentaje de ponencias en las áreas de Educación y otras Alfabetizaciones (29), así como de Educación en Espacios no Formales (44). Este dato llama la atención si consideramos que en México el problema del rezago educativo es grave, ya que concentra a más de 30 millones de personas que no saben leer ni escribir o que no han completado su educación básica, la cual es gratuita y obligatoria.
Los congresos del COMIE han evolucionado considerablemente con el tiempo. En este duodécimo encuentro, se repitió, por segunda ocasión y con un éxito rotundo el Encuentro de Estudiantes de Posgrado (ENEPE), mediante el cual los estudiantes de maestría y doctorado presentan sus avances ante investigadores de amplia trayectoria, creando así una cultura académica más abierta y colaborativa. Además, se tuvo la reunión focal de la World Education Research Association (WERA), lo que reafirma la firme estrategia de internacionalización del COMIE. Por si esto no fuera suficiente, se organizó la primera carrera y caminata por la educación con el ánimo de convivir y relajarse fuera de los tradicionales códigos académicos. Todo ello implicó un gran esfuerzo de coordinación, generosidad y un claro compromiso con la labor del COMIE.
En tercero y último lugar, el 12º CNIE vio cristalizados varias metas y proyectos. Se afianzó una forma colegiada de trabajar del Comité Directivo, se consiguieron importantes financiamientos que le van a dar viabilidad a las actividades científicas del COMIE y, finalmente, la Revista Mexicana de Investigación Educativa, ingresó al índice Web of Science-Sciences Citation de Thomson Reuters, lo que la ubica dentro del grupo de revistas científicas más importantes e influyentes del mundo.

Academia y poder político: cuando la forma no es fondo
Uno de los proyectos que también se concretaron fue haber conseguido el apoyo gubernamental para tener una sede permanente y que así el COMIE pueda realizar sus actividades sin contratiempos. Al ser una organización interinstitucional, el equipo técnico y administrativo —no sólo el directivo— del Consejo iba de un lugar a otro, lo que ha originado que se retrasen y entorpezcan las actividades fundamentales del Consejo como la oportuna distribución de la Revista o la pronta resolución de los problemas que cualquier organización tiene que enfrentar.
A destacados colegas como Manuel Gil Antón parece haberles sorprendido el anuncio del secretario de Educación Pública en el sentido de que el Gobierno Federal apoyaría la construcción de la sede del COMIE. El anuncio no fue un acto de magia, como se sugiere en su artículo “Te lo firmo y te lo cumplo” (El Universal, 23/11/13); sino el resultado de una labor de persuasión y negociación del el Comité Directivo (CD) del COMIE con el titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP). Cabe aclarar que todos los miembros del CD son propuestos y elegidos por medio del voto durante las asambleas que anualmente realiza el Consejo. No fue, por lo tanto, una decisión unilateral ni una concesión improvisada derivada de un proceso ilegítimo. En este punto, Manuel Gil se equivoca.
Pero como agudo observador educativo y analista de las relaciones entre el “científico y el político”, Gil Antón provocó con su artículo reflexiones que me parecen muy sanas y útiles. ¿Cómo deberá ser la relación del COMIE con el poder político y los actuales funcionarios del Estado? ¿Cruzará esta relación la perspectiva compleja, pragmática o la clásica de las comunidades inconexas en la que se asume que el “académico es de Venus y el político de Marte” (Birnbaum)? ¿La forma en como producimos y comunicamos el conocimiento en el COMIE es la más idónea para que las autoridades educativas estatales y federales reflexionen sobre su práctica política? Pese a que el COMIE ha organizado seminarios sobre los usos de la investigación en los procesos de política y escolares, aún hay muchos temas que el nuevo CD tendrá que analizar y poner sobre la mesa. Manuel incita a ello y se agradece.
Por último, advierto que nuestro colega del Colegio de México tiende a pensar que por el hecho de recibir apoyo y sobre todo, por la forma en que lo anunciaron los actuales representantes del Gobierno Federal, puede haber un socavamiento de la autonomía del COMIE. Con la misma claridad y apertura con la que Manuel Gil escribe, pienso que en este caso, “forma no es fondo”. Podría haber un “priolítico clásico”, como piensa Gil Antón, pero por el perfil de algunos de los miembros del Comie, sus antecedentes de independencia e historia institucional no se visualiza un plegamiento automático del Consejo a los designios del “Jefe Providente”. Advertir públicamente del riesgo fue, insisto, útil.
Por otra parte, coincido con Manuel Gil en el sentido de que habrá que reflexionar por qué en México las organizaciones civiles recurren al apoyo de los gobiernos electos —¿es esto reflejo de una nueva gobernanza? Sin embargo, en esta discusión debe entrar otro punto esencial que no aparece en el artículo de Manuel: la independencia y autonomía intelectual no la ofrece ni la quita un apoyo en especie. En México, hay diversas instituciones académicas y científicas —incluido el Colmex— que han recibido apoyo de los gobiernos y siguen siendo profundamente críticas por el buen juicio de sus académicos. Es entonces en la manera de pensar, críticar, investigar y actuar frente al poder como se puede demostrar que organizaciones como el COMIE son confiables y útiles para la educación pública del país.

* Pedro Flores Crespo es Doctor en Política por la Universidad de York, investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio

27 de noviembre de 2013

¿Tienen futuro las revistas científicas en educación?

En la conversación educativa, moderada por el Dr. Pedro Flores Crespo, participaron en la mesa de reflexión: la Dra. Alejandra García Bado, Editora de la Revista Sinéctica del ITESO; la Dra. Edna Luna Serrano, dictaminadora en  REDIE, Revista Electrónica de Investigación Educativa, publicada por la Universidad de Baja California y el Dr. Juan Manuel Piña Osorio, editor en Perfiles Educativos del IISUE. Los temas en los cuales giró la conversación fueron: las características de la producción científica, las instituciones participantes; las principales revistas de acuerdo a su circulación; las políticas de incentivos y los patrones de colaboración entre las propias revistas.
Como principal problemática emerge la poca o nula calidad en los artículos enviados para dictamen, que cuentan con la peculiaridad de ser trabajos poco cuidados teórica y metodológicamente; los puntos coincidentes en la mesa, entendidos como acuerdos generales, fueron: la pertinencia de una dictaminación rigurosa en las colaboraciones, la realimentación en trabajos que no cumplan con lineamientos de calidad mínimos, así como la transformación urgente de escritores, dictaminadores, escritores y editores en red global de colaboración. 

® Derechos Reservados. Originalmente publicado en Prensa COMIE.

24 de octubre de 2013

Salvador Ruiz de Chávez: sobre la virtud individual y los vicios sociales

Por Pedro Flores Crespo*

Salvador Ruiz de Chávez Ochoa (SRCH, n.1948) fue director de la Facultad de Contaduría y Administración de la Universidad Nacional Autónoma de México de 1989 a 1993 y tuvo el acierto de fijar como horizonte de esa institución la calidad académica. Esto implicó el desarrollo y puesta en marcha de innovadores programas, arduas jornadas de trabajo, internacionalización del quehacer universitario, un firme liderazgo y sobre todo, una clara convicción por el desarrollo integral de los estudiantes. Había que transformar la fisonomía de una de las facultades más grandes de la UNAM.
Pero mover una facultad hacia la transformación académica no fue fácil. SRCH tuvo que tomar decisiones en un ambiente adverso, el cual gradualmente se fue transformando como resultado de su incansable esfuerzo y de una particular mística personal. Pese a la hostilidad, SRCH supo conformar un equipo de trabajo unido y profesional (Juan José Pérez Castañeda, Jorge Acoltzi, Eva Ruelas, Óscar Lara-Fournier, Jesús Escobedo, Alfonso Orozco-Castañon, Nadima Simón y Fernando Arias Galicia, entre otros). Además, siempre mantuvo la esperanza en los jóvenes estudiantes y en los profesores. Reflejo de ello, fue su convicción de fundar, en 1998, la Asociación de Profesores de Contaduría y Administración de México (APCAM), cuya misión es promover la creación de oportunidades de desarrollo para los académicos y así mejorar la función docente.
Si tomamos en cuenta que Administración, Negocios y Contabilidad son áreas que aglutinan alrededor del 17 por ciento de la matrícula escolarizada total de licenciatura (527,279 jóvenes) y que los actuales programas del mejoramiento docente dejan fuera al profesor de asignatura, se podrá aquilatar mejor la importancia de la APCAM en el campo de la educación superior. Desde 1998, esta asociación ha organizado, anualmente, el Congreso Internacional sobre Innovaciones en Docencia e Investigación en Ciencias Económicas Administrativas y mantiene una revista electrónica arbitrada (www.apcam.org.mx).
Pero a muchos, inexplicablemente, el valioso trabajo de la APCAM les incomoda. Aún así, SRCH no se arredra y prefiere fijarse nuevas metas en el sector universitario y fuera de él, un día diseña y organiza exámenes generales de egreso para contaduría y administración desde el Ceneval, otro organiza los procesos de evaluación interinstitucional de los CIEES (Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior) o se le ocurre fundar una consultora educativa y además, dirigir el área de capacitación y desarrollo institucional de la Auditoria Superior de la Federación. Por si esto fuera poco, sigue practicando la natación, deporte que lo llevó, en 1968, a ser miembro del equipo nacional junto a campeones de la talla de Guillermo Echevarría, Felipe “el Tibio” Muñoz y María Teresa Ramírez. Creo que si Salvador Ruiz de Chávez viviera en un país moderno, las más reconocidas universidades del país no hubieran prescindido de sus capacidades y labor docente; pero México es, a veces, terriblemente ingrato. ¿No me creen? Pregúntele a muchos otros académicos, intelectuales y artistas que tienen que dejar su tierra para poder abrirse camino. Aquí el mérito es lo de menos. ¡Vivan los compromisos, ambición e intereses!
Al contrario de otros “universitarios” que se amargan por la pugna académica, SRCH sigue creyendo en las personas, mantiene su buen humor y ensancha su generosidad. Quizás sus estudios, vida y amor por el Japón le introdujeron el gen estoico y trabajador, que muchos de los que colaboramos con él tuvimos que “sufrir” y adoptar en algún momento. Vimos entonces que la herencia no sólo es un proceso de índole genético, sino que las virtudes también puede incrustarse en nosotros por admiración y cariño. ¿Como en los sistemas cuánticos abiertos?
Mañana 25 de octubre de 2013 una aula del Centro de Desarrollo Docente de la FCA-UNAM llevará oficialmente el nombre de Salvador Ruiz de Chávez. Tal hecho reconoce a un maestro dedicado, a un director visionario, a un amigo que supo ser leal y a un universitario cuya impecable trayectoria profesional no se ha asentado en la lisonja ni en la cultura cortesana que aun, por desgracia, sigue permeando la vida universitaria. Aun cuando SRCH fue capaz de centrar su atención y preocupación en la vida y trayectoria de los jóvenes estudiantes (aparte de mejorar los indicadores clásicos de desempeño), la Junta de Gobierno de la UNAM decidió no reelegirlo para el periodo 1993-1997. A 20 años de esa inexplicable decisión, quedan muchas lecciones y preguntas abiertas para la vida y “cambio” institucional de la Universidad Nacional. 
Como egresado de la FCA, espero que los estudiantes que crucen la puerta del salón Salvador Ruiz de Chávez mediten que así como las virtudes individuales pueden cultivarse por medio de la reflexión y el estudio, la envidia, ambición y mala leche son vicios de cualquier espacio social. Pero no hay que arredrarse, hay ejemplos concretos que siguen marcando una línea honesta y congruente en el quehacer universitario. A éstos hay que unirse y seguir.


* Pedro Flores Crespo es Doctor en Política por la Universidad de York, investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio.

21 de octubre de 2013

Premian a ganadores de Concurso Nacional de Ensayo

Se llevó a cabo la premiación de los ganadores del Primer Concurso Nacional de Ensayo sobre Extensión de la Cultura y Divulgación de la Ciencia, que realizó la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), a través de la Secretaría de Rectoría e Imagen Institucional (SRII).
En la categoría Extensión de la Cultura, el ensayo ganador fue de Luz María Ortega Villa, catedrática de la Facultad de Ciencias Humanas de la UABC, quien presentó “Viejos problemas, nuevas preguntas y escenarios para la extensión de la cultura”, en el que se hace un recorrido sobre los orígenes de la función de la Extensión Universitaria desde principios del siglo XX y como está marcada en América Latina como una vocación de servicio público.
En Divulgación de la ciencia el ganador fue Carlos Enrique Orozco Martínez, profesor del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), de Guadalajara, quien presentó el ensayo intitulado “Sin embargo, se mueve. La divulgación de la ciencia en México”, el cual es un análisis que ofrece diversas propuestas para mejorar la divulgación de la ciencia en el país.
Cada uno de ellos recibió un cheque por 100 mil pesos entregado por el doctor Felipe Cuamea Velázquez, Rector de la UABC, quien comentó que estos trabajos serán publicados en un libro impreso por el Departamento de Editorial Universitaria de la UABC, cuyo tiraje será de mil ejemplares. 
Asimismo, entregó las menciones honoríficas a Bianca Garduño Bello, del Distrito Federal, quien participó con el ensayo “La extensión de la cultura universitaria en México: un ensayo sobre su historia, conceptualización y relevancia”, y a Osvaldo Joya Rubio de Tijuana por su trabajo intitulado “La inflexión cultural”.
 También recibieron menciones honoríficas Raquel Torres Peralta de Hermosillo, Sonora por “Hagamos ciencia: ciencia viva, ciencia portátil, ciencia interactiva”, y Alejandro Benítez Aguilar de Cholula, Puebla por “Cultura; extensión y conversación”. Cabe mencionar que todos estos trabajos también serán publicados en el libro.
El jurado seleccionador estuvo integrado por Antonio Calera-Grobet, actualmente escribe para las revistas Letras Libres y Variopinto; Estrella Burgos Ruiz, Directora de la revista “¿Cómo ves?”, de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM, y por Luis Jesús Galindo Cáceres, autor de 25 libros, con más de 300 artículos publicados en 14 países de América y Europa.
En la ceremonia de premiación realizada ayer, el doctor Cuamea Velázquez mencionó que este concurso se llevó a cabo en el marco del Programa de Extensión “Presencia Cultural UABC”, el cual concentra más de 370 eventos culturales dirigidos tanto a la comunidad universitaria como la sociedad en general, principalmente a quienes tienen difícil acceso a las actividades de extensión de la cultura y divulgación de la ciencia.
“En un ejercicio de congruencia hemos realizado esfuerzos para recuperar y relanzar el quehacer de las actividades de extensión cultural universitaria, con la asignación de recursos crecientes a proyectos claros y específicos a esta función sustantiva para la universidad” expresó el Rector, reiterando que la extensión es una actividad tan importante como lo es la docencia y la investigación. 
Agregó que la asignación presupuestal en la UABC para este rubro pasó de 153 millones en el 2011 a 230 millones en el presente año, y que a pesar del recorte presupuestal del Gobierno Federal en el rubro de extensión de la cultura, en la Universidad se está trabajando para que en el presupuesto del 2014 se registre un incremento presupuestal neto y directo de al menos el 10 por ciento en relación con el 2013.
El doctor Cuamea Velázquez anunció 3 nuevas convocatorias el “Certamen Universitario Nacional de Poesía”, la “Convocatoria de apoyos para el desarrollo de proyectos de Extensión de la Cultura y Divulgación de la Ciencia”, y el “Concurso Universitario de Canto”.
También conformaron el presídium de la ceremonia de premiación el doctor Alfredo Félix Buenrostro Ceballos, Coordinador General den Centro de Estudios Sobre la Universidad y representante de la Junta de Gobierno; doctor Miguel Ángel Martínez Romero, Vicerrector del Campus Mexicali; maestro Saúl Méndez Hernández, Coordinador de Formación Profesional y Vinculación Universitaria, así como el maestro Luis Hirales Pérez, Jefe del Departamento de Extensión Cultural y los Servicios.

® Derechos Reservados. Originalmente publicado en UABC Noticias.

26 de septiembre de 2013

De Schumann a Silvio Rodríguez. Canción, poder y sentimiento

Por Pedro Flores Crespo*

La música expresa aquello que no puede ser puesto en palabras

y que tampoco puede permanecer en silencio.
—Víctor Hugo

Juan Gabriel dice que la música, y en específico, la canción, es la forma de expresión artística que más rápido llega a la gente, al pueblo. Si esto es verdad, entonces se puede afirmar que la música no sólo es valiosa por su valor intrínseco, sino que puede desplegar “funcionalidades extra artísticas”, usando el término de Diego Fischerman. La canción política, también llamada, “canción de protesta” es quizás un claro ejemplo de esa funcionalidad extra artística, ya que al escucharla no sólo apreciamos ritmo, armonía y melodía, sino también el mensaje político contenido en la letra. Esto nos lleva a preguntar— como lo han hecho otros tantos críticos: ¿Por qué vale ese tipo de música? ¿Por su valor estético o por la posición ideológica que asume?
La canción política o “de protesta” es una fusión creativa de diversas dimensiones humanas y juzgarla por una sola cosa puede ser una trampa y freno para el goce. Si usted escucha con atención, algunas piezas de la “nueva canción latinoamericana”, se denuncia con gran sensibilidad, bajezas políticas. Me refiero específicamente a la canción “Por quién merece amor” de Silvio Rodríguez, la cual fue compuesta por el cantautor ante las “amenzantes maniobras” del gobierno de Estados Unidos (EUA) frente a un supuesto apoyo de Cuba a la lucha de liberación de El Salvador en la década de los ochenta. Silvio se pregunta: en caso de que esta solidaridad hubiese sido cierta, ¿cabría explicar el sentimiento que la alentó? Por eso canta: “Te molesta mi amor, mi amor sin antifaz […] Mi amor no precisa fronteras, como la primavera no prefiere jardín […] Mi amor no es amor de uno solo, sino alma de todo lo que urge sanar”. Algún escucha no avezado en cuestiones anti imperialistas quizás no advierta el reclamo musical a EUA, sino simplemente, el significado amoroso.
¿Y no fueron acaso los románticos del siglo dieciocho los que borraron las líneas entre música y crítica? John Burrows nos recuerda que Hector Berlioz (1803-1869) y Robert Schumann (1810-1856) escribieron cuestionamientos al igual que música. “Soy sensible a todo lo que ocurre en el mundo y por ello, anhelo expresar mis sentimientos por medio de la música”, dijo Schumann.
Pese a que varios países tuvieron dignos representantes de la canción política —como puede verse en el elenco de los festivales sobre esta música (Festival des politischen Liedes) realizados de 1970 a 1990 en la República Democrática Alemana (RDA)—, América Latina parece tener una voz cantante en este género musical debido, quizás, al romanticismo que nos caracteriza y a la desafortunada presencia de dictaduras, regímenes militares y golpes de Estado en la región. 
En ciertos exponentes de la “nueva canción latinoamericana” se encuentra, además, un elemento poco común para la izquierda marxista de los años sesenta o setenta: El elemento religioso. “El Cristo de Palacaguina”, canción compuesta por el nicaraguense Carlos Mejía Godoy, podría sonar a “disonancia ideológica”, pero cuántos cantadores y revolucionarios latinoamericanos no hicieron suyos sus versos. La mexicana Amparo Ochoa (1946-1994), por ejemplo, la cantó con su particular estilo. “Cristo ya nació en Palacaguina de Chepe Pavón Pavón y una tal María ella va a planchar muy humildemente la ropa que goza la mujer hermosa del terrateniente/José el pobre jornalero se mecatella todito el dia, lo tiene con reumatismo el tequio de la carpinteria, María sueña que el hijo igual que el tata sea carpintero pero el cipotillo piensa, mañana quiero ser guerrillero.” 
Guiarse entonces por criterios únivocos, sean éstos religiosos o ideológicos, merma la apreciación musical. Así como en un ensayo musical alguien desafina, en política, muchos nos podemos equivocar y sonar bastante destemplados.
Por la fuerza de llegar al pueblo que Juanga le atribuye a la canción es que ésta, cuando es política, puede llegar a ser poscrita y lo peor, a sus intérpretes se les puede perseguir, encarcelar y asesinar. ¿Quién mejor que el chileno Víctor Jara (1932-1973) para ilustrar esta barbarie? La canción y el arte no son inocuos para el poder autoritario. Por ello, en Chile, Argentina, Uruguay y Brasil se prohibía la canción política, aunque no por ello, no se escuchaba profusamente. En México, por ejemplo, se crearon hoyos llamados “peñas” para escucharla y sentirla. Ahora parece que las peñas quedaron ya más como espacios nostálgicos que como sedes para la reivindicación política. ¿Qué futuro tendrá la canción política a medida que la democracia en nuestros países se ha instaurado? Injusticias siempre habrá que denunciar al igual que la sensibilidad inteligente de nuestros grandes cantautores latinoamericanos nunca se va a agotar y entonces seguiremos disfrutando la creatividad artística, que es esencia del ser humano.


* Pedro Flores Crespo es Doctor en Política por la Universidad de York, investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio.

12 de septiembre de 2013

Cambio educativo sin sangre, sudor y lágrimas: el caso Maravillas

Por Pedro Flores Crespo*

En el debate sobre cambio educativo siempre están presentes por lo menos dos rutas de acción. Por una parte, tratar de generar grandes cambios estructurales a partir de “reformas” o “revoluciones educativas” y por otra, identificar prácticas escolares y pedagógicas en contextos locales para después analizarlos y tratar de replicarlos en otras escuelas o ambientes específicos. 

Digamos que estas dos rutas pueden considerarse estrategias de nivel “macro” y “micro”, respectivamente. ¿Y cuál ha dado mejor resultado en la educación mexicana? ¿Las reformas actuales que propone Enrique Peña Nieto es una inteligente conjunción de ambas estrategias? Por lo que se sabe públicamente, el gobierno priísta le apuesta primordialmente a la primera ruta: la macro.
En virtud de los complejos problemas educativos, sería ideal que los actuales funcionarios y planificadores de la Secretaría de Educación Pública (SEP) se dieran tiempo de conocer y reflexionar sobre las múltiples experiencias acerca del cambio educativo a nivel micro que han probado ser exitosas. En este sentido, sugiero ver el documental Maravillas: otra educación es posible del director José Leandro Córdova (http:// documentalmaravillas.com/).
Probablemente realizado con menos dinero que otros documentales sobre la educación de México, el video Maravillas es igualmente atractivo e interesante, pues nos muestra la vida escolar en la telesecundaria Pedro Vélez del pueblo Presa de Maravillas del municipio de Villanueva en el estado de Zacatecas. El video, a mi juicio, representa una innovación en el componente de la comunicación de las políticas educativas ya que da cuenta de los avances del Programa sobre Mejoramiento del Logro Escolar (PEMLE) en secundaria, el cual se echó a andar en la administración pasada (2006-2012) bajo la dirección de un profesional equipo de la Subsecretaría de Educación Básica (SEB) y con el respaldo intelectual del inquieto doctor Gabriel Cámara.
El PEMLE era una estrategia de intervención escolar focalizada en 9,072 escuelas secundarias que obtenían los puntajes más bajos de logro escolar en la prueba Enlace (Evaluación Nacional de Logro Académico en Centros Escolares). Se proponía desarrollar comunidades de aprendizaje a través de la creación de una red de tutorías.
Filmado en uno de esos tantos pueblos de México en donde la desolación reina, el documental Maravillas presenta los testimonios de maestros, estudiantes, directivos, funcionarios, ex alumnos y especialistas sobre el funcionamiento de la tutoría y de las comunidades de aprendizaje en donde “todos tienen la capacidad de enseñar y de aprender” (Cámara).
Después de encontrarse en el sotano en términos de logro escolar, los jóvenes estudiantes de la secundaria Pedro Vélez, fueron no sólo mejorando notablemente su desempeño académico, sino también —por lo que se logra advertir en el video—, sus “capacidades humanas” (Sen, Nussbaum). “Aquí aprendes mucho a no tener vergüenza a preguntar, a demostrar lo que sabes”, corrobora Marí Cruz Ramírez, joven alumna de la secundaria Pedro Vélez que aspira a estudiar medicina para poder ayudar a su gente.
Basada en una relación de apoyo mutuo y confianza, la tutoría impulsada por el programa de comunidades de aprendizaje parece corroborar —una vez más— que a pesar de que algunas personas enfrentan serias e injustificables dificultades económicas y sociales, siempre está presente la posibilidad de lograr aprendizajes significativos y esto propicia una ampliación de libertades, como lo ilustra el profesor Gabriel de León, director de la telesecundiara, quien al referirse al programa de tutorías dijo: “Cuando vi que esto era de libertad, de que el alumno estudiaba lo que él quería aprender, y cuando dos seres o dos personas en libertad se unen para hacer una cosa, esto sale, si no a la perfeccción [sí] a lo máximo”.
El documental en ocasiones conmueve y hace reflexionar sobre diversos puntos. Primero, es alentador que se centre en presentar las habilidades que los estudiantes han desarrollado tanto de manera explícita como implícita. Si Usted ve el video, note la fluidez, estructura y claridad con que cada uno de los entrevistados de la telesecundaria se expresan. Aunque se quisiera “balconear” a alguien, dudo mucho que el conductor televisivo lo logre.
Por otro lado, los impulsores del proyecto de “comunidades de aprendizaje” parten de cuestiones pedagógicas y filosóficas básicas, las cuales han estado presentes históricamente en el debate educativo pero que por extrañas razones, no se consideran en los procesos de reforma, que como hemos visto recientemente, a veces cuestan sangre, sudor y lágrimas. Por último, surge una pregunta práctica: Ahora que el secretario de Educación Pública sugirió que ya no habrá Enlace, ¿cuál será el referente para identificar y atender a las escuelas más desfavorecidas del país? En el documental es evidente la utilidad de esta base informativa —pese a sus limitaciones —para no sólo hacer que los jóvenes estudiantes logren mayores puntajes en la prueba, sino también para poder ser sujetos de un programa orientado a ampliar sus oportunidades de vida.


* Pedro Flores Crespo es Doctor en Política por la Universidad de York, investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio.

9 de septiembre de 2013

Conocimiento y saber: el final de la "cultura dominante"

Por Luis Gregorio Sosa Grajales*
La idea de que el conocimiento es algo exclusivo de contenidos o medios académicos se encuentra en crisis. Hoy por hoy, una amplia variedad de libros, filmes, canciones, historietas, e incluso otras expresiones de la cultura popular electrónica (como los llamados memes de internet) ofrecen a los profesores una infinidad de recursos, ejemplos y analogías que pueden utilizarse para reforzar o complementar los aprendizajes de los estudiantes. Sin embargo, es notorio que aún persiste un rechazo desde la academia por utilizar (en las aulas) otros tipos de saber y conocimiento. La razón de esto: desconocimiento y esnobismo.
La modernidad y su lógica de progreso están fundadas en el cientificismo lógico. Como resultado de estos procesos, la escuela del siglo XX sólo consideró como válido y “real” al conocimiento que provenía de la ciencia, y que en última instancia, se producía en la academia y centros del saber asociados.
Otros tipos de conocimiento (el saber diario, el que proviene de nuestras culturas originarias, el conocimiento espiritual, e incluso el que se encontraba reflejado en obras de la cultura popular) han sido vistos desde entonces como saberes de segunda, innecesarios y superfluos ante la “verdad única”: el conocimiento comprobable, estructurado y sistemático al que sólo podemos acceder con el método científico.
Sin embargo, las realidades actuales y los nuevos escenarios de globalización y pluralidad, han puesto en crisis esta premisa, generando tensiones que se viven cada vez con mayor fuerza en los centros de estudio, sobre todo en las universidades. Y es que el ideario de una ‘cultura superior’, herencia del cientificismo y la escuela modernista, parece haber llegado a su fin. El término de este paradigma, sin embargo, no proviene de la sustitución de un sistema por otro, sino que se está dando al replantear una lógica que hemos considerado como única y verdadera. Y es que nunca existió una ‘cultura superior’, gestora de todo el conocimiento y el saber ‘real’. Lo que sí existe es conocimiento y saber como concepto y como sistema que integra todo lo humano: venga de donde venga (eso sí, no siempre con el mismo valor, relevancia o intensidad).
En ese sentido, la escuela modernista se ha encargado de hacernos partícipes de una suerte de clasismo del conocimiento, el cual, en muchos casos, sigue imperando en el discurso educativo. El conflicto aumenta al encontrarse algunos de los reproductores de esta ideología (profesores, diseñadores del currículo, académicos e investigadores) con los jóvenes nativos de la globalización, la digitalidad y de la Sociedad de la Información y el Conocimiento, sujetos que su propio saber de todos los espacios y todos los medios a los que tienen acceso. Esta tensión puede llegar a ser irreconciliable, y en algunos casos puede producir –entre otros factores– que se debilite la relevancia y la pertinencia de la educación en el imaginario de los estudiantes.
Ya antes he sostenido que uno de los cánceres más fuertes de la educación actual, es la creencia de que el ‘mejor conocimiento, el mejor saber y la forma correcta de enseñar, es aquella en la que fuimos instruidos’, pues esta ideología no solo pasa por alto el saber propio de los estudiantes y la forma en la que estos (fuera del ambiente escolar) construyen o adquieren el conocimiento, sino también sus referentes culturales, su creatividad personal, e incluso sus propios intereses.
Acompañando a este síndrome, viene el ya conocido síntoma de caricaturizar a los estudiantes como entes carentes de creatividad, imaginación e ingenio, zombis faltos de interés y motivaciones, cuando quizás somos nosotros los que producimos tales situaciones al imponerle a los jóvenes formas y modelos de pensar, de adquirir el saber y construir el conocimiento que ya no son dominantes en el mundo actual.
Tal vez sea hora de que dejemos el debate estéril sobre el saber “bueno y malo”, y explotemos las potencialidades que el conocimiento, venga de la fuente que venga, nos puede ofrecer al momento de generar saber relevante y pertinente para nuestra sociedad y sus necesidades.

* Originalmente publicado en Forbes MéxicoLuis Gregorio Sosa Grajales es Maestro en Investigación Educativa por la Universidad Iberoamericana (Ciudad de México) y académico de la Dirección de Servicios para la Formación Integral de la UIA. Desde 2009 colabora en el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE). Email: luis.sosa@uia.mx

2 de septiembre de 2013

¿Hay futuro para las revistas científicas en educación?

Por Pedro Flores Crespo*

Recientemente, la comunidad de investigadores educativos ha estado involucrada en un debate que va a crecer y que será ineludible en los próximos años. ¿Cómo será la revista científica del futuro? ¿Podrán estos medios asegurar un mayor número de lectores o sólo servirán para que el académico acumule puntos?, como alerta Manuel Gil (Colmex). ¿Debemos trasladarnos lo más rápido posible al formato electrónico y olvidarnos completamente del papel? ¿Cómo lidiar con las “perversiones” que genera el acceso abierto como el plagio y los journals “depredadores” (Roberto Rodríguez, UNAM)? ¿Es el factor de impacto el criterio que ahora va a privilegiar el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) para calificar las publicaciones del investigador? ¿Mejoraría esto la calidad de la producción científica del país o sólo serviría para distorsionar aún más la profesión académica?
El pasado 12 de agosto, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) convocó a todos los directores y editores de las revistas incluidas en su índice —que suman 113 — a una reunión para discutir el proyecto e-revistas. Al asistir como director de la Revista Mexicana de Investigación Educativa del consejo del mismo nombre (Comie), pude conocer los argumentos y las razones por las cuales, según Conacyt, nos conviene movernos hacia al formato electrónico. Básicamente, se trata de que lo que se publique en nuestras revistas, por ser de alta calidad, tenga un mayor impacto y visibilidad en el circuito global de conocimiento. ¿Quién podría objetar tal propósito? Pocos. Sin embargo, como el “diablo está en los detalles”, varios tuvimos la oportunidad de expresar nuestras preocupaciones a los funcionarios del Conacyt.
En primer lugar, se demandó que si el Consejo iba a apoyar financieramente este proyecto tuviera continuidad y que no nos fuera a dejar “colgados de la brocha”. Segundo, la historia y naturaleza de las revistas es diversa y esto implica estrategias igualmente diferenciadas. Por ejemplo, la RMIE, como otras tantas revistas, recibe el respaldo de una organización —el Comie—, pero sus integrantes están adscritos a decenas de instituciones, entonces, ¿en dónde se podrá albergar la plataforma para poder desarrollar una revista electrónica? En la Universidad Nacional Autónoma de México, gracias al convenio que Conacyt suscribirá con esta casa de estudios. 
Una tercera preocupación de los directores de las revistas científicas era que si queremos reforzar nuestros medios de comunicación científica y hacerlos altamente visibles, Conacyt en general y el SNI en particular, tiene que adecuar sus criterios de evaluación. Actualmente, hay un desbalance: cuenta más escribir en journals extranjeros que en los nacionales. Además, según varios colegas, dictaminar artículos o ser director de una revista científica que está incluida en el índice, no cuenta como criterio de evaluación en el SNI. A todas estas inquietudes los funcionarios de Conacyt se mostraron sensibles y han intentado tener una constante retroalimentación.
Como en todo proceso de cambio, varios compañeros manifestaron cierto temor y dijeron que hay que meditar seriamente cómo afectará el traslado de formato los procesos de dictaminación. Aquí, varios aprendimos al escuchar los contraargumentos de otros directores que ya han llevado sus revistas hacia el terreno electrónico y acceso abierto. Por lo tanto, no hay que alarmarse en este sentido. Hay otras cuestiones que son más preocupantes y que demandan urgente atención.
Una semana más tarde, en la ceremonia del 35º Aniversario de la revista Perfiles Educativos que mantiene el Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE) de la UNAM, Imanol Ordorika y Roberto Rodríguez coincidieron en señalar que hay una tendencia hacia la mercantilización del conocimiento y dentro de esta corriente, han surgido grandes consorcios que son los que se encargan de hacer los índices científicos para medir el impacto de las revistas científicas. Estas empresas, de paso, también son los que generan y publican los rankings universitarios con que se trata de “evaluar” la función de las universidades. 
Este reduccionismo ha tenido graves consecuencias y habrá que enfrentarlo con “estrategias institucionales innovadoras” (Ordorika). Una de estas estrategias, no es excluir a otras revistas, sino “hermanarse”, como acertadamente dijo Ricardo Cantoral, director de la prestigiosa Revista Latinoamericana de Investigación en Educación Matemática (Relime) (Cinvestav). “Hay que vincular los sitios electrónicos de las distintas revistas científicas en educación, hacer que los comités editoriales interactúen, compartir editoriales” e ir discutiendo la idea de los mega journals. 
Los meta journals son revistas que abarcan un amplio espectro de disciplinas y subdisciplinas científicas dentro de un campo de estudio específico y que tienden a cuestionar la forma tradicional de publicar (Journals Consortium). Los mega journals aprovechan las economías de escala, son de acceso abierto y tienden a publicar en menos tiempo una gran cantidad de artículos. No hay límites “artificiales” para crecer, dice Peter Binfield de la Public Library of Science (PloS).
Sin duda alguna, los editores e investigadores educativos de México y de América Latina tenemos enfrente una gran oportunidad de demostrar que podemos estar presentes en los nuevos circuitos globales de conocimiento, si es que sabemos cooperar con el otro. Y en esto sí que hay una gran incógnita dada la envidia, intereses o fantasías de superioridad que aún prevalecen en algunos círculos universitarios. ¿Seguiremos reproduciendo nuestras “tribus y territorios académicos” (Becher) o seremos capaces de construir verdaderas comunidades?
Nos desprenderemos de nuestros “bebés” (o sea, de las revistas) para incubar un frente común de conocimiento que sea pluridisciplinar? El mundo de conocimiento actual presenta muchos retos, pero también la posibilidad de hacer visibles las virtudes del académico mexicano. ¿O será que pereceremos?

* Pedro Flores Crespo es Doctor en Política por la Universidad de York, investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio.

12 de agosto de 2013

Cerca de 7 millones, sin expectativas de futuro, advierten especialistas

Por Emir Olivares Alonso*

Se calcula que en México cerca de 7 millones de jóvenes no tienen expectativa de futuro, ya que no acceden a la educación ni a un empleo bien remunerado; prolongan su salida de la casa de sus padres y es prácticamente imposible que puedan adquirir una vivienda. Aun con este desolador panorama, el Estado no ha diseñado políticas públicas dirigidas a resolver la situación de este sector, al grado que se ha perdido ya una generación de mexicanos (los que nacieron en la década de los 80 del siglo pasado), señalaron especialistas universitarios en el tema, al conmemorarse el Día Internacional de la Juventud.
Los jóvenes son uno de los segmentos en riesgo por la desatención hacia ellos de las políticas públicas. No existen estrategias oficiales articuladas que intervengan de manera distinta a lo que se hacía y esa es una apuesta muy mala para la sociedad mexicana; estamos desatendiendo un sector estratégico para el país, señaló José Antonio Pérez Islas, coordinador del Seminario de Investigación en Juventud de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Por su parte, Luis Gregorio Sosa Grajales, académico e investigador de la Universidad Iberoamericana, señaló que la generación que hoy es joven ha cambiado respecto de la anterior: tiene capacidad de reflexión y de crítica. Es tan diversa que no se deja llevar, aseguró.
De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la tasa de desempleo juvenil en México es de 9.7 por ciento. Al cierre de 2012 más de un millón 308 mil mexicanos de 14 a 29 años que carecían de trabajo, reportó la encuesta nacional de ocupación y empleo, dicha cifra representó 52.5 por ciento del total de desempleados en el país.
Además, según un estudio realizado en 2010 por la Subsecretaría de Educación Superior de la SEP, del total de chicos que laboran, cerca de 50 por ciento perciben de uno a tres salarios mínimos y 14.5 ganan menos de uno, a 11.7 le pagan más de cinco. Hay que agregar que 56.7 por ciento carecen de prestaciones de ley.
Para Pérez Islas, hoy los jóvenes mexicanos no llegan a ser verdaderos adultos por falta de empleos con ingresos que los ayuden a ser autónomos, imposibilidad para contar con estabilidad y perspectivas de crecimiento, dificultades para independizarse y nulas oportunidades para comparar y mantener su propio hogar. Y es que apenas 5.6 por ciento de los jóvenes de entre 12 y 29 años viven solos, de acuerdo con la más reciente Encuesta Nacional de Juventud (Instituto Mexicano de la Juventud, 2010).

® Derechos Reservados. Originalmente publicado en La Jornada

8 de agosto de 2013

Universidad de Trieste: Tradición intelectual y multiculturalismo

Por Pedro Flores Crespo*

Dicen los escritores Angelo Arla y Claudio Magris que Trieste posee una “identidad de frontera”. Esta ciudad también fue lugar de origen y establecimiento de grandes intelectuales y escritores y por ello, la pregunta obligada es qué función ha desempeñado su universidad en el desenvolvimiento intelectual de este “lugar de ningún lado” (Bahr).
En su oficina decorada con bellos cuadros, el doctor Sergio Paoletti, rector saliente de la Universitá degli Studi di Trieste (UNITS), nos recibe en su oficina para responder a ésta y otras preguntas sobre la educación superior en este región italiana. Profesor de bioquímica, estudioso de los biopolímeros y laureado Honoris Causa por la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (Trondheim), Paoletti es crítico de la atención que la política le ha dado a la universidad italiana; sin embargo, con realismo y visión, considera que la UNITS tiene todo el potencial científico e intelectual para seguir contribuyendo al desarrollo social, cultural y económico de esta región.

Orígenes: De cómo lo privado se volvió público.
La UNITS es una universidad relativamente joven si tomamos en cuenta que la Universidad de Boloña nació en el siglo once y fue considerada por el Papa Alejandro IV (1254-1261) como una de las “cuatro lumbreras” del mundo junto con Salamanca (España), Oxford (Inglaterra) y la Sorbona (Francia). La UNITS encuentra sus orígenes en el siglo diecinueve (1877) y de manera más específica, en la Scuola Superiore di Commercio (SSC) que fundó el barón Pascuale Revoltella, mercader y benefactor que, con visión, detectó la necesidad de crear una institución educativa que formara profesionales para responder a las necesidades del comercio, la navegación y todas las actividades relacionadas con estos sectores.
Pese al apoyo de la iniciativa privada, la UNITS tuvo un desarrollo accidentado debido a los conflictos bélicos y políticos de la distintas épocas. Desde el siglo dieciocho, la comunidad triestina, según los documentos oficiales, demandaba al Imperio Austriaco una universidad, cuestión que era constantemente negada. Luego, el movimiento político llamado Irredentista también se pronunció por contar con una institución italiana de educación superior, pero el Gobierno de Viena —al que perteneció Trieste hasta 1918—, volvió a rechazar tal petición. Fue hasta principios de la década de los años veinte que la SSC se convirtió en el Istituto Superiore de Studi Commerciali (ISSC) y en 1924 por decreto real, nace la Università degli Studi Economici e Commerciale. 

Donde el conocimiento te lleve.
Actualmente, la universidad cuenta con más de 19,000 estudiantes y según Paoletti, ofrece un amplia gama de cursos desde la licenciatura — que duran tres años, según el área de especialización— hasta maestría (dos años) y doctorado en distintas disciplinas. También cuenta con escuelas de especialización (residencia) en el área clínica-médica, psicología y arqueología. 
Entre varias opciones, también hay cursos de perfeccionamiento (masters) sobre una industria que en Trieste es clave para el desarrollo económico de la región y del país: la del café. En Trieste se asienta la fábrica de café Illy, que es una marca mundialmente conocida y que desde hace años apoya financieramente este master junto con la Universidad de Udine. En estos cursos, dice Paoletti, se analizan aspectos químicos, biológicos y económicos de la industria del café, lo que demuestra un claro ejemplo de relevancia social.
Siendo una ciudad en que las culturas convergen, no hay argumento válido para negarse a cooperar con el otro. El interateneo es una “política de convergencia” que según explica Paoletti, han desarrollado desde hace cuatro años la UNITS, la Universidad de Udine y la SISSA (Scuola Internazionale Superiore di Studi Avanzati) para otorgar títulos de doctorado focalizados en áreas de “excelencia” como física, neurociencias y matemáticas. Paoletti se muestra orgulloso de que su institución haya dado este paso de cooperación pues, históricamente, entre Udine — ciudad situada a 63 kilómetros de Trieste— y Trieste siempre ha habido cierta rivalidad. Ahora, en cambio, intercambian y aprovechan mejor los recursos gracias a la apertura y cooperación institucional.
Todos estos esfuerzos están enmarcados en un contexto de entendimiento mutuo que, por fortuna, la región europea ha promovido por años. En este sentido, las actuales leyes educativas permiten que una universidad otorgue títulos de estudio con el sello de dos o más universidades. La UNITS, explica Paoletti, otorga un título en matemáticas con la Universidad de Lubiana de Eslovenia, en genómica funcional con la Universidad de París (Diderot y Descartes) de Francia y en gestión de la ingeniería con la Universidad de Leipzig de Alemania. La cooperación universitaria es entonces real; no hay celos institucionales.

Problemas globales: financiamiento e institucionalidad. 
Al preguntarle al rector Paoletti sobre los retos de la universidad italiana, no dudó en contestar que pareciera que la universidad no es tomada seriamente en cuenta por el gobierno y esto, remarcó, “no tiene que ver solamente con el dinero”. En seis años, recuerda el rector, la UNITS ha enfrentado una disminución de 15 millones de euros (aproximadamente, 255 millones de pesos), lo que ha originado una disminución de personal académico. Hace diez años, explica Paoletti, había casi mil docentes en la UNITS y ahora son poco más de 700 y como ocurre en otros países como México, el pago de pensiones de los profesores que están por retirarse se han convertido en un serio problema financiero. 
El envejecimiento de la planta académica, así como la falta de financiamiento y la falta de atención de la “política italiana” hacia las universidades, como un motor de desarrollo social y económico, es un problema de la educación superior italiana. Parece, remata Paoletti, que la función de la universidad no es cabalmente comprendida en un momento de integración cultural y de desarrollo tecnológico.
Pero el problema no sólo reside en la falta de dinero, reconoce Paoletti, sino en la carencia de instrumentos legales para impulsar a que la universidad tenga un mayor impacto en la sociedad. “Pese a que las evaluaciones nos muestran cuestiones tales como qué académicos producen y quienes no, la ley no nos permite actuar sobre esta situación”. 

Internacionalización y vinculación.
Pese a los problemas financieros e institucionales, Paoletti se muestra optimista con el trabajo realizado por la UNITS y expresa que aunque es una universidad relativamente pequeña, es fuerte en el área científica y en las políticas de internacionalización. La UNITS registra un alto porcentaje de estudiantes extranjeros en comparación con otras universidades de tradición internacional como Perugia o Siena. La ubicación geográfica de Trieste y su carácter multicultural representa, en palabras de Paoletti, una ventaja para este tipo de estrategias universitarias. 
Sin embargo, el rector no es complaciente ni ingenuo y piensa que aunque Trieste posee ciertas ventajas, su capacidad productiva es “modesta”. La ciudad ha mantenido la promoción de sectores de servicios financieros como el de los seguros, pero no ha crecido lo suficiente. No obstante, ahora hay nuevos nichos productivos como el de la ingeniería clínica y la tecnología de la salud que abren posibilidades de vinculación con la UNITS. El caso de la multinacional Ital TBS asentada en el Area Science Park de Trieste muestra una estrecha colaboración entre el departamento de ingeniería y esa empresa dedicada al desarrollo de servicios tecnológicos en el área de la salud. 

Vehículo de la multiculturalidad.
¿Cómo ha respondido la UNITS al histórico multiculturalismo de Trieste? Para Paoletti, las lenguas son un “vehículo, un instrumento” para avanzar en el camino de la interculturalidad. Por ello, orgulloso habló de la Scuola Superiore de Lingue Moderne per Interpreti e Traduttori que mantiene la universidad y a la cual la considera una de las mejores de Europa. “Una buena parte de los traductores en Bruselas, (sede del Consejo de la Unión Europea) han pasado por aquí”. En un tiempo, muestran los documentos oficiales, ahí se enseñaba inglés, alemán y español, pero ahora la oferta se ha ampliado hacia el ruso, serbo-croata, esloveno y holandés, reflejo fiel de la profunda integración continental.
Para finalizar, se le preguntó a Paoletti si la UNITS tenía alguna liga con instituciones de educación superior de América Latina y dijo que tanto a nivel institucional como personal existen tales vínculos, sobre todo en el área científica y de investigación. Recurrentemente, el rector mencionó a la Argentina como el país con el cual mantienen más contacto y era de esperarse por las vastas migraciones de italianos hacia ese país sudamericano. Pero viendo este fenómeno desde el otro lado, Paoletti, con sensatez, afirma que la región triestina ha sido también un lugar atractivo para personas de muchas partes del mundo y por ello, dice, se crean contactos por generaciones, los cuales, como hemos visto aquí, siguen nutriendo y enriqueciendo la “identidad de frontera” que posee la hermosa y única ciudad de Trieste.

* Pedro Flores Crespo es Doctor en Política por la Universidad de York, investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio

7 de agosto de 2013

Ciudad e intelectuales

Por Pedro Flores Crespo*
—A Laura Ruzzier.

¿Por qué Karl Marx se inspiró y escribió en Londres El Capital? ¿Si Pablo Picasso no hubiera vivido en París, habría revelado su genio como lo hizo? ¿Sin el ambiente de la Toscana, Leonardo Da Vinci hubiera cultivado a tal grado su sensibilidad e inteligencia? ¿Cómo serían los cuentos de José Emilio Pacheco y las novelas de Carlos Fuentes sin la amalgama de sensaciones y situaciones que provoca la Ciudad de México? ¿Por qué ciertas ciudades impulsan el genio y la creatividad más que otras? ¿Son los intelectuales los constructores del ambiente urbano o son las condiciones preexistentes de los lugares los que aguijonean la mente humana y crean las ideas?
No hay respuesta única a tan diversos cuestionamientos. Mientras París y Florencia han sido, por siglos, polos de atracción para artistas e intelectuales, Marx tenía razón en escribir su obra máxima en la capital inglesa debido al nivel de desarrollo económico de Inglaterra en el siglo diecinueve. Por lo tanto, establecer relaciones simples entre el contexto urbano y el desarrollo de la intelectualidad es una trampa; aunque no por ello deja de ser un tema fascinante para el campo de la educación superior. 
Una ciudad que ilustra las complejas interacciones entre la ciudad y las ideas —y que en México se conoce poco— es Trieste, la cual se localiza en el norte de Italia en la región de Friuli Venezia Giulia. Llena de históricos cafés, Trieste posee un puerto que hace tiempo dividió la puerta de entrada hacia la Europa Occidental y la del Este. Por su comercio marítimo, Trieste era considerado, según Daniel Grange, como el octavo puerto Europeo más importante en la víspera de la Primera Guerra Mundial. Seguramente, por el mar no sólo llegaron mercancías, sino también ideas, cultura y una particular forma de ser y vivir. 
Ubicada en una zona geográfica muy peculiar, la interculturalidad en Trieste no es una mera aspiración, sino una experiencia que se vive a diario debido al constante —y en ocasiones, difícil — cruce entre las culturas germánica, italiana y eslava. Los movimientos intelectuales y artísticos que han tomado lugar en Trieste son variados y hasta la fecha, la ciudad puede dar cuenta de tener magníficos escritores e intelectuales públicos como Claudio Magris (1939) y Susanna Tamaro (1957).
A Trieste llegó Sigmund Freud en 1876 con el propósito de estudiar zoología — específicamente disecó 400 anguilas para comprobar la existencia del órgano masculino (Nobecourt). Gracias a sus enseñanzas y a la impronta que dejó en varios discípulos como Edoardo Weiss, el psicoanálisis se introdujo profusamente en Italia. Weiss, de acuerdo con Nobecourt, fundó la Sociedad Italiana del Psicoanálisis pero tuvo que dejar Italia en 1939 debido a las leyes fascistas y se refugió en Chicago hasta el día de su muerte en 1970. ¿Moraleja? El pensamiento florece en condiciones de libertad y no en ambientes marcados por la supuesta pureza ideológica o racial.
Por su belleza natural —mezcla de mar, montaña y ciudad; Trieste fue lugar de origen y de asentamiento de grandes poetas y escritores como Italo Svevo (1861-1928), Umberto Saba (1883-1957) y Rainer Marie Rilke (1875-1926). Este último, después de pasar por Capri y Venecia, seleccionó a Trieste como un “lugar propicio para el florecimiento de su inspiración poética” (Rella). Fue allí en donde escribe, en 1912, las Elegías de Duino. Ahora, para recordar al poeta, uno puede caminar por el Sentiero Rilke y admirar, desde las alturas, el azul eléctrico del mar. 
A principios del siglo veinte, el célebre escritor irlandés, James Joyce (1882-1941), también se asentó en esta ciudad pese a que su destino final era París. Según Rabaté, Joyce eligió esta ciudad “como el único contorno que podía favorecer su creación literaria”. Por su genio linguístico —que en su tiempo fue poco reconocido—, Joyce aprendió a hablar Triestino, dio clases de inglés en Bertlitz, escribió Dublineses y el Retrato del Artista como un Hombre Joven en Trieste y preparó el camino para la novela que es ahora considerada como la más importante del siglo veinte: Ulises. ¿Hubiera escrito Joyce como lo hizo en otro lugar distinto a Trieste? 
¿Qué inspira esa ciudad que en 1909 fue vista como el “lugar de ningún lado”, según el dramaturgo y crítico vienés, Hermann Bahr? Esta enigmática calificación de Trieste fue retomada, descrita y bellamente explicada por Joan Morris en su libro,Trieste and the Meaning of Nowhere (2001; Londres, Faber&Faber). Morris es, sin duda alguna, otro ejemplo de cómo una escritora perspicaz hace del ambiente de esta ciudad una expresión literaria única.
Pero si Trieste ha inspirado tantas expresiones artísticas e intelectuales, ¿qué papel ha desempeñado la Universitá degli Studi di Trieste en este desenvolvimiento cultural y artístico? En la próxima entrega exploraremos algunas respuestas a esta pregunta al entrevistar, en exclusiva para Campus, al doctor Sergio Paoletti, rector de la universidad triestina.

* Pedro Flores Crespo es Doctor en Política por la Universidad de York, investigador y académico del  Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (UIA): pedro.flores@uia.mx. Síguelo en Twitter: @flores_crespo. Originalmente publicado en Campus Milenio